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viernes, 20 de mayo de 2016

La Puerta III

''Es imposible pensar una puerta como nos mandas''. Esa fue la respuesta de los sabios a la extraña demanda del hijo del rey; ''es imposible poner a los hombres de acuerdo sobre la belleza ideal de cualquier cosa, o sobre su fealdad, o sobre cualquier absoluto que se piense, Allah nos creo perfectamente incapaces de llegar a un acuerdo sobre tales extremos.'' Los sabios se retiraron, no era la primera vez que tales exigencias se hacían, y no era tampoco la primera vez que la obvia respuesta debía de ser convocada frente a lo ingenuo del deseo de los poderosos.

Todos salieron menos uno, un anciano eremita que vivía en los lejanos valles que forman las montañas de la Sierra. Cuando el último de los sabios hubo salido de la habitación el viejo se acercó al príncipe y le dijo: ''yo sé de tu enfermedad príncipe, yo sé de tu deseo y sé de la causa de tu búsqueda, sé de la magia que te maldice y de quien la invoca contra ti, has de saber que la puerta que deseas ya fue construida hace muchos siglos y aquí tienes la llave que abre su cerradura.''

Tras pronunciar estas palabras y entregar la llave el sabio se marchó, dejando al príncipe a solas con sus pensamientos. Por primera vez era consciente de lo extraño de su manía con las puertas, fue corriendo a su diván y sacó los bocetos y los dibujos que había hecho durante este tiempo, eran miles los que tenia. Una vez que se le hubo pasado la agitación se miró la mano y pensó: ''esta mano es la llave de una puerta impensable, y nunca abrirá con un trazo de tinta la entrada que tanto ansío'', pero en cambio esta...El príncipe miró la llave y sonrió para sus adentros, ''estoy poseído por una extraña magia, y lo importante no es la puerta ni nunca lo ha sido, lo importante es lo que hay detrás de esa puerta, algo que existe de verdad y que me ha elegido a mí para que lo encuentre y lo libere, y esta misma noche empezaré mi búsqueda.''






La Puerta II


''Los sabios se encerraron en sus bibliotecas para pensar que respuesta darían a la extraña petición del príncipe, sin saber que en una pequeña alquería cercana a la ciudad, en lo que hoy es el Pago de Aynadamar en la zona de Cartuja, un anciano eremita que había bajado a Granada hace poco desde algún pueblo de la Sierra, ya tenía la respuesta...'' [...]

Imagen: Ilustración, Rubayyat. Edmund Dulac.



La Puerta I


El príncipe se pasaba todo el día dibujando puertas, le gustaba imitar lo que había visto hacer a los alarifes por las murallas de toda la ciudad mientras enseñaban las formas y medidas de estas a los peones y maestros de obra que estaban encargados de fortalecer la medina con nuevos tramos de muralla, y de restaurar aquellos otros que por falta de mantenimiento mostraban desprendimientos y grietas.
Era una autentica obsesión la del hijo del rey por aquellas: de ángulos rectos, con decoraciones, acompañadas por vides que subían siguiendo el alfiz del arco y dejaban caer sus pámpanos por el dintel como si fuera un hermoso pelo ensortijado. También las dibujaba redondas y por supuesto imitaba aquellas que veía en la Alhambra y en otros palacios, a algunas les daba una puerta de madera y a otras rejas de hierro, a unas pocas en cambio las dejaba sin ningún tipo de cierre, pintándolas oscuras totalmente, como si la habitación a la que daban paso fuera un espacio sin ventanas o las profundidades de una cueva.
A tanto llego la manía del príncipe que en cuanto tuvo la posibilidad de gobernar en nombre de su padre, que en ese momento se encontraba haciendo la guerra como vasallo del rey de Castilla, mandó convocar a todos los sabios y alarifes de Granada para que unos pensaran la puerta más hermosa del mundo y otros la construyeran en algún lugar todavía por decidir de la ciudad. [...]

Imagen: Arco en ruinas. José Larrocha (dibujante), cerca de 1900


martes, 3 de noviembre de 2015

Las Agujas de Dílar II

El Cromlech de Dílar II

Allá por el 1851 un pequeño pueblo de nuestra tierra vivió unos días de auténtico pavor. Hace tiempo os hablábamos sobre la excepcionalidad histórica y arqueológica del cromlech que hubo en Dílar, puesto que es algo totalmente inusual en estas tierras. Desconcierta saber que su existencia fue sorprendentemente efímera, ya que se destruyó al poco de su hallazgo y su recuerdo prácticamente se ha perdido: quién pregunta o busca más información se acaba topando con una cortina de silencio.

Como decíamos, este cromlech era en realidad un conjunto de tres círculos de piedras megalíticos, si acaso parecidos a Stonehenge excepto por sus menores dimensiones y por custodiar las almas de guerreros antiguos, bajo el túmulo que delimitaban sus menhires. Hoy, algunos arqueólogos lo conocen sin darle excesiva importancia: unos vestigios más destruidos por el tiempo, cuyo dólmen más importante han reconstruido parcialmente en el Parque de las Ciencias de Granada. Allí podéis visitar esta copia, en la que por supuesto no queda rastro alguno del terror que aquellos túmulos encantados inspiraron a toda la gente que los vieron con sus propios ojos.

En aquellos años de pobreza del s.XIX un cazador empeñado en sacar a su presa de una madriguera sintió como el suelo se hundía bajo sus pies. Cayó en una cámara subterránea largo tiempo olvidada, que protegía los huesos de antiguos caudillos que rápidamente apartó sin cuidado, pues el cazador sólo se fijó en los restos de oro y bronce, cuya extraña decoración atrajo su mirada. Y cautivó su alma.

Su avaricia no pasó desapercibida. Como en todos los pueblos, la noticia corrió como la pólvora: los más jóvenes del país se dirigieron hacia la lúgubre explanada de los Toriles, antesala de la sobrecogedora Boca del Río Dílar, que se encuentra protegida por dos imponentes moles afiladas que la siguen flanqueando. Iban a por riquezas, cavando de día y atreviéndose a dormir allí de noche. Pero lo que allí hallaron no era lo que buscaban.

Lo único que sabemos es que, a los pocos días, las ruinas fueron destruidas y las rocas arrancadas del suelo y dispersadas, como queriendo borrar su existencia. Lo que sucedió allí, si es que alguien lo sigue recordando, debe sobrevivir en la memoria de los más mayores del lugar: de aquellos pocos a los que sus padres se atrevieron a contárselo, movidos por el temor y la desesperación de ver desaparecer a sus hijos. Los que presenciaron aquellos días, vieron con sus ojos y sintieron en su corazón lo que le sucedió a aquellos que cavaron cegados por la codicia en un lugar silenciosamente protegido.

Sólo nos queda el relato de un erudito, don Manuel de Góngora y Martínez, que en 1868 nos legó testimonio de que "el monumento en cuestion era un dólmen complicado de nueve metros de largo... Sobre él se elevó un montículo de tierra, cuyo diámetro mide veinte y tres metros, y le limitaron con círculo de piedras clavadas en el suelo que, por punto general tienen ochenta centímetros de longitud...". Se hallaron otros dos túmulos con cromlech, de más de 15 y 18 metros de diámetro, y que llegaron a tener más de tres metros de alto.

Aunque don Manuel no fue testigo ocular de aquello, supo que las gentes de allí creían en cosas inverosímiles. Decía textualmente: "...me refiero á los monumentos formados de grandes piedras sin labrar, atribuidas por el vulgo á los gigantes ó á los encantadores, por los eruditos a los celtas,..."

Su amigo, el artista Martín Rico, dejó un testimonio mucho más inquietante en su cuadro, que a continuación reproducimos. En él se ven los Alayos entre nieblas, evocando las brumas del pasado; los tres círculos de las agujas de Dílar -así las llamaron los lugareños-, que medían en torno a un metro de alto, y dominando la escena desde la esquina superior de la pintura, el Veleta imperante.

 Los tres misteriosos Cromlech de Dílar (pintura de Martín Rico)
  
Hay una vieja leyenda irlandesa, relatada en un cuento del argentino Enrique Anderson Imbert, La Peste, que podría ilustrarnos sobre el horror vivido aquellos días en que unos espíritus en letargo fueron despertados para abandonar sus hogares bajo tierra y recordarles a los vivos que seguían existiendo. Robarles sus tesoros era arrebatarles la vida, y la defenderían como sólo ellos saben hacer: helando los corazones, erizando los cabellos, enloqueciendo las mentes.

"El primer signo de que las hadas de Irlanda estaban debilitándose enfermándose, muriéndose, lo notaron los hombres de Sligo. En una localidad llamada Rosses hay un montón de piedras: un pastor que durmió allí despertó loco. A los pocos días lo mismo ocurrió a otro. Y después a otro. Ya no hubo dudas: lo que pasaba era que las hadas robaban las almas a los dormidos dejándoles solamente sus ensueños. Cuando despertaban, los empobrecidos pastores no podían pensar ni hablar sino con los pocos ensueños que les quedaban en la cabeza..."

Por unos días las hadas de aquella historia no fueron de Irlanda sino de Granada, y los hombres de Sligo, de Dílar. Los pobres ingenuos que intentaron apropiarse de los tesoros de antiguos guerreros encantados acabaron vagando, errantes y perdidos, por los Alayos de Dílar bajo la sombra del Trevenque y la mirada del Veleta.

La Boca del Río Dílar, paso natural a los Alayos, entre el Faufín y Los Picachos.


lunes, 2 de noviembre de 2015

El Día de las Ánimas

La Víspera de las Ánimas traía consigo un sinfín de luceros nocturnos que paseaban bajo la luz de la luna tomando caprichosas formas. Al despuntar el Día de los Santos, aquellas motas brillantes se relajaban en las sombras que iba dejando el sol de la mañana. Una noche más, vagaban por caminos y bosques, visitando ruinas abandonadas y lugares sagrados.

Dicen que éstas luces tenían nombres, y que abandonaban el mundo de los vivos cuando caía el atardecer del Día de los Difuntos. No volvían solas. En sus brazos portaban nuevas estrellas, que elevaban consigo a lo más alto del cielo para añadirlas al collar de perlas brillantes que cada noche domina el firmamento. 

"Porque los hombres fueron engendrados con esta ley, y deben cuidar de este globo que ves en el centro de este templo y se llama la Tierra, y se les dio el alma sacada de aquellos fuegos eternos que llamamos constelaciones y estrellas, que en forma de globos redondos, animados por mentes divinas, recorren con admirable celeridad sus órbitas circulares..." (Cicerón - El Sueño de Escipión, en su De Repubica VI,15)

Pintura del granadino Luis Ricardo Falero, Estrellas Gemelas (París, 1881). - Metropolitan Museum NY.

Pescar en el cielo

''Después de admirar el paisaje, cuando el sol hacía imposible nuestra permanencia en aquel lugar, nos disponíamos a descender; observamos, con gran sorpresa, que en una de las torres de la Alhambra dos o tres muchachos agitaban largas cañas, como si quisieran pescar en el aire, [...]

¿Qué mejor pasatiempo que el de cazarlas por medio de anzuelos encebados con apetitosas carnadas?
¡Pescar en el cielo! He aquí el grato y productivo deporte inventado por los habitantes de la Alhambra.''

Ésto lo escribía Washington Irving en su cuento El Palacio de la Alhambra, una tarde de 1829 en la que el paso del día a la noche confundía los ojos de un romántico en un lugar mágico, poblado por seres encantados.

Que sepamos, ningún artista de su época - y ni anterior ni posterior-, ningún escritor, pintor, poeta, fotógrafo o ilustrador, nos ha dejado un testimonio similar de esta imagen tan poética. El genio de la Alhambra es caprichoso en días como éste.



La historia real es la de unos pescadores de golondrinas que, con cebo de mosca, esperaban pacientemente en las adarves almenados de la Alhambra.

Fragmento completo de la versión original:

Before concluding these remarks, I must mention one of the amusements of the place which has particularly struck me. I had repeatedly observed a long lean fellow perched on the top of one of the towers, manoeuvring two or three fishing-rods, as though he were angling for the stars. I was for some time perplexed by the evolutions of this aerial fisherman, and my perplexity increased on observing others employed in like manner on different parts of the battlements and bastions; it was not until I consulted Mateo Ximenes, that I solved the mystery.

It seems that the pure and airy situation of this fortress has rendered it, like the castle of Macbeth, a prolific breeding-place for swallows and martlets, who sport about its towers in myriads, with the holiday glee of urchins just let loose from school. To entrap these birds in their giddy circlings, with hooks baited with flies, is one of the favorite amusements of the ragged “sons of the Alhambra,” who, with the good-for-nothing ingenuity of arrant idlers, have thus invented the art of angling in the sky.

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domingo, 11 de octubre de 2015

Hisn Mawrur

A la sombra de un esbelto ciprés se encuentra la torre del Carmen del Maurón, camuflada entre el laberinto de tejados que coronan las Torres Bermejas. A veces, sin pretenderlo, los hombres vuelven a reconstruir en lugares olvidados la imagen perdida de otros tiempos que se resisten a desaparecer.

Muchos lo han considerado como un mirador privilegiado desde el que observar la ciudad que se extiende a sus pies, como el pintor Enrique Villar Yebra; pues esta modesta atalaya domina todo su panorama sin que, a la vez, pueda ser vista con facilidad. Otros, sin embargo, en épocas anteriores prefirieron dirigir su mirada desde aquel mismo lugar hacia el lado opuesto: allí dónde están las tres imponentes cimas blancas que protegen la ciudad a la que dan vida con sus nieves perennes...  

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viernes, 9 de octubre de 2015

La Torre del Nigromante III

¿Habéis reparado alguna vez en los capiteles negros expuestos en el Museo de la Alhambra? Oscuros como el azabache, atravesados por frágiles trazas verdosas como esmeraldas; allí permanecen desde hace unos años, impasibles ante las riadas de turistas. Su historia es prácticamente desconocida. Según los académicos, son unas piezas excepcionales: sólo se conocen cuatro capiteles de su tipo en todo Al-Andalus. Uno procede de Otura, y los otros dos fueron encontrados en el Harem de Muhammad V, en la Alhambra.

Sabemos que Muhammad V levantó su palacio -el Patio de los Leones- a mediados del siglo XIV, y quiso incorporar en él unas piezas singulares. Las más famosas son los doce leones de mármol blanco, procedentes según algunos del palacio de Ibn Nagrela, visir judío de los primeros reyes granadinos. Luego, en su harén, Mohamed situó unos misteriosos capiteles de mármol negro o serpentina, reutilizados de una construcción almohade anterior y largo tiempo desconocidos hasta su hallazgo arqueológico.

Los cristianos, cuando adecuaron las Torres Bermejas a su artillería, debieron sumar a los preciados legajos de la Madraza el siguiente documento, que encontrarían excavando sus cimientos y que aquí traducimos:

"...la tierra tembló, y tras unos golpes sordos surgió un gran destello [... ¡Dios] se apiade del soberbio alfaquí [ilegible], en cuya torre veíamos extrañas luces noche tras noche! ...  ceniza y escombros, nadie... olor hediondo. A la mañana, por orden del Emir, buscaron supervivientes..., asomaban algunas cabezas de los hermosos leones de mármol blanco que Ibn Nagrela..., pero sus esbeltas columnas se habían tornado negras y frías como una noche sin luna. Señalándolas, un anciano que había realizado el Hajj acalló al inquieto gentío. Recordó que su color se parecía a la Piedra del Profeta, pero dijo que aquellas estaban malditas: si la Kabba había absorbido los pecados de los hijos de Adán para bien, esos capiteles parecían haber absorbido las tinieblas de aquello que el imprudente invocaba... escaleras al abismo... abandonadas y condenadas en un monte inerte... "

El paso del tiempo hizo que los nazaríes olvidaran las leyendas ziríes. Por fin un emir se decidió a remover las ruinas de la oscura colina del Mauror, en busca de tesoros mágicos para que formaran parte del magnífico palacio que estaba levantando en su monte gemelo: la Alhambra. 

Sobre qué se estremeció en las entrañas del mítico Hizn Mawror, intentaremos dar luz en los próximos días...

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Más sobre la investigación arqueológica de los capiteles negros.


Piedras que lloran sangre

Las Torres Bermejas. Piedras que lloran sangre.

Granada (Rafael Alberti):
 
"¡Qué lejos por mares, campos y montañas!
Ya otros soles miran mi cabeza cana.
Nunca fui a Granada.
Mi cabeza cana, los años perdidos.
Quiero hallar los viejos, borrados caminos.

Nunca vi Granada.

Dadle un ramo verde de luz a mi mano.
Una rienda corta y galope largo.
Nunca entré en Granada.

¿Qué gente enemiga puebla sus adarves?

¿Quién los claros ecos libres de sus aires?
Nunca fui a Granada.

¿Quién hoy sus jardines aprisiona y pone
cadenas al habla de sus surtidores?
Nunca vi Granada.

Venid los que nunca fuisteis a Granada.

Hay sangre caída, sangre que me llama.
Nunca entré en Granada.

Hay sangre caída del mejor hermano.
Sangre por los mirtos y aguas de los patios.

Nunca fui a Granada.

Del mejor amigo, por los arrayanes.
Sangre por el Darro, por el Genil sangre.
Nunca vi Granada.

Si altas son las torres, el valor es alto.
Venid por montañas, por mares y campos.

Entraré en Granada."



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Mansiones abandonadas de Granada

Cuando se ve un nido se piensa en un pájaro, cuando es la luz encendida de un piso se cree que hay alguien viviendo allí. Cuando se ven estas moradas lo normal es pensar en cuentos, en cuentos de fantasmas...

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Virgen de los Agricultores de Quéntar

Hay un cortijo cerca de Quéntar conocido como Cortijo Prado Montero. Justo al lado del mismo hay un pequeño nacimiento de agua, abundante vegetación, albercas y una pequeña cruz, allí se indica que el lugar pertenece a la Virgen de los Agricultores, la cual bendice desde ese humilde enclave todo el valle que se abre a sus pies. Pero como si de un cuento de Machen o de W.H. Hodgson se tratase puede adivinarse en este paraje que su actual moradora no es sino la última de otros muchos seres que en algún pasado remoto debieron habitar el lugar, esto es algo común en estas tierras me diréis, y así es, pero en pocos sitios, en pocos parajes es tan evidente esto: que las fuerzas de la naturaleza alguna vez se congregaron bajo los sauces, que las ninfas y los faunos jugaron con el agua del arroyo, que los manes descansaron a la sombra de los cipreses y sobre todo, y esto es lo mas oscuro y terrible para nuestro pensamiento, que estas divinidades y los cultos asociados a ellas, no huyeron tan pronto como la fe en ellos desapareció, sino que por razones que nos son desconocidas, en este lugar más que en otros, han sido capaces estos seres de hacerse presentes hasta fechas muy recientes: numerosas son las historias de extrañas visiones asociadas a este lugar, extrañas desapariciones y dantescos sonidos escuchados en mitad de la noche. Dicen en el lugar que no siempre los ruegos por la fertilidad de la tierra exigían inocentes oraciones y piadosos ruegos, hubo tiempos en los que la tierra, no despojada aún de su fuerza primigenia, nos exigía algo más a cambio de sus riquezas...



El Caballero Sin Cabeza Granadino II

No me costó mucho convencerla para que saltara, y a los pocos segundos estábamos deambulando por los jardines del convento de San Francisco, por primera vez en toda la noche podía ver que mi compañera estaba realmente sorprendida y se empezaba a dar cuenta de lo excepcional y arriesgado de nuestra situación. Esto me animaba aun más, y pese a que sabia perfectamente que no debíamos estar allí y que probablemente tendríamos problemas si nos encontraban, decidí que la mejor idea era ir al Generalife.

Tras deambular por los Jardines Nuevos y estando yo cada vez más nervioso dimos la vuelta hacia la zona de la Medina, esta parte me era totalmente desconocida puesto que no la había visitado nunca que había ido a la Alhambra, tras un rato haciendo el ganso por las ruinas de las casas llegamos a la Puerta de los Siete Suelos y subimos a la torre, las vistas eran geniales pese a ser de noche, y una bruma típica del otoño le daba a la situación un aire aun más fantástico. Aquello era realmente divertido, pero los ladridos de unos perros que había escuchado hacia poco me hacían sentir un tanto inquieto, mi amiga en cambio no parecía estarlo, y se mostraba ahora más osada que yo. Entonces los ladridos se volvieron a escuchar, esta vez más cerca, asustados bajamos de la torre para escondernos entre las casas de la medina, que a su vez estaba varios metros más abajo del camino de cipreses que la atraviesa en dirección al Generalife. Se había levantado bastante viento y de repente lo que era una situación guiada por la adrenalina, lo era ahora por el miedo, había algo en el ambiente que se agitaba, sin saber muy bien cual era el origen de esta súbita aprensión nos escondimos detrás de un muro de alguna casa...justamente encima había algo moviéndose, no eran pasos humanos con total seguridad. 

Yo estaba mirando a mi amiga cuando giré la cabeza y miré al frente: a la Puerta de los Siete Siglos. Hace poco había estado leyendo los Cuentos de la Alhambra y como una sacudida la historia del Velludo, el jinete sin cabeza, se me vino a la cabeza, hacía mucho viento, se escuchaban los ladridos y aún sentíamos el movimiento de ese algo encima nuestra. Como se suele decir en estos casos los segundos que pasaron se hicieron una eternidad, esperamos sin saber que hacer hasta que el viento dejo de soplar con tanta fuerza, como indicándonos que el peligro había pasado, los ladridos no se escuchaban y la crispación en el ambiente se diluía. Todo lo rápido y sigilosos que pudimos nos dirigimos hacia el parador y saltamos el muro. El corazón me latía con fuerza mientras bajábamos a la ciudad...

''Todo el mundo en Granada ha oído hablar de El Velludo...''

Yo aparte de haber oído hablar de él, lo había sentido.

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Foto: Convento de San Francisco, el muro de la derecha era sobre el que se apilaban los sacos de cemento. http://www.alhambra-patronato.es/ria/handle/10514/7528

El Caballero Sin Cabeza Granadino I

''...De pronto se paró Mateo delante de un grupo de higueras y granados, al pie de un enorme torreón ruinoso llamado La Torre de los Siete Siglos (Suelos), y, señalándome una bóveda subterránea debajo de los cimientos de la torre, me dijo que allí se ocultaba un monstruoso vestigio o fantasma que, según se decía, habitaba en aquella torre desde el tiempo de los moros, y que guardaba los tesoros de cierto monarca musulmán. Añadiome también que algunas veces salía a medianoche y recorría las alamedas de la Alhambra y las calles de Granada bajo la forma de un caballo descabezado perseguido por seis perros que lanzaban terribles ladridos y aullidos espantosos.

-¿Se lo ha encontrado usted alguna vez en sus excursiones? -le pregunté.

Todo el mundo en Granada ha oído hablar de El Velludo, se dice que es el alma en pena de un cruel rey moro que mató a sus seis hijos...''

Cuentos de la Alhambra / Washington Irving. ''Un paseo por las colinas''.


Con la intención de sorprender a una chica le había propuesto el ir a la Alhambra bajo la excusa de que me sabia yo ciertos lugares por donde poderse colar al monumento, lugares que solo los más avezados granadinos sabían. Por supuesto era mentira, pero allí estaba, subiendo con ella por la cuesta de la Alhambra mientras mi cabeza pensaba mil excusas. No hicieron falta, mientras paseábamos por la oscuridad del recinto abierto al público una especie de milagro vino a socorrerme, había por entonces unos trabajos en el Parador de San Francisco, y los muros que separaban el espacio público del destinado a la visita estaban en obras, con la fortuna de que varios sacos de cemento se apilaban en un muro haciendo de improvisada escalera que permitía pasar al otro lado, de no haber estado allí esos sacos hubiera sido imposible el sortear la altura del muro, y allí se habría acabado la aventura. En ese momento, viendome favorecido por el espíritu de la Alhambra adopté una actitud más osada, mire a los sacos como si hubieran estado allí desde que algún príncipe moro los dejara al finalizar las obras en su palacio, y salte al otro animando a la chica a que me acompañara...

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(Sleepy Hollow, el jinete sin cabeza o decapitado adaptado por Tim Burton al cine, fue inventado por Washington Irving y probablemente basado en las leyendas que conoció durante su paso por Granada, tal y como dejó plasmado en sus Cuentos de la Alhambra)

Huertas del Generalife

Todas las historias que nos contaban nuestros abuelos y padres, las anécdotas de nuestras madres, nuestras propios recuerdos que el tiempo vuelve legendarios... Nunca podrá la historia dar cuenta de ellos, ni ningún discurso hacerlos totalmente inteligibles. Que sigan siendo cuentos, que su formato sea siempre libre, sin notas ni cifras, que puedan ser contados en cualquier momento... ¡Cuentos raros!

''Aquella mañana paseaba por las Huertas del Generalife: rodeado de higueras, de preciosas vistas, de tierra labrada y del sonido de los pájaros. Entonces vi aquel ser que también contaba historias, historias extrañas, historias que al contrario que las de vuestros padres y madres, nunca deberian ser contadas, y sin embargo...''

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Foto de la Alhambra desde las Huertas del Generalife.


El Panderete de las Brujas IV

El texto que os acabo de reproducir venía acompañado de una fecha, y una nota que decía: 

''18 de junio de 1821. 

Otra vez, por tercer año consecutivo desde que este escrito está en mi poder, se han vuelto a ver las hogueras danzarinas y ha escuchar los cánticos prohibidos la noche pasada, no se si es algún engaño de mi cabeza que me hace ver aquelarres y brujas donde antes veía una reunión de los gitanos de las cuevas, pero cada 17 de junio son mas vividas estas visiones. He vuelto también a soñar que participaba en los más asquerosos rituales y a sentir la imperiosa necesidad de asomarme a mirar el cerro del sombrerete, paso horas mirándolo sin saber que demonios me resulta en el tan atrayente''

Hoy es 17 de junio, han pasado unos días desde que encontré estos últimos documentos que hablan sobre el monte de las brujas, como no tengo reparos ya en denominarlo, una inquietud invasiva se ha adueñado de mi hasta el punto que para escribir estos párrafos contando mi historia he necesitado salir de Granada. Si por mi fuera hubiera pasado el día entero lejos de aquí pero mis obligaciones me han hecho volver, mis obligaciones y un último chispazo de la sobriedad mental con que siempre he dirigido mis pensamientos. Sin duda el relato y las historias de antiguas brujerías que se cuentan sobre el promontorio que ahora mismo veo desde mi ventana han causado en mi un efecto parecido al que se narra en esa nota de 1821, pienso en cambio que si bien aquel hombre pertenecía a una sociedad todavía invadida por la magia y la religión, yo dispongo a mi alcance de mil explicaciones que deben de bastarme para controlar mis temores, y lo mas importante de todo, para disipar la magia de la casualidad, esa magia que a través de varias carambolas consecutivas -porque eso es lo que son- me ha hecho llegar a esta situación que raya la paranoia. Esta noche dormiré con la ventana abierta por primera vez en semanas, las brujas no existen y la maligna voluntad que ha ido guiando mi curiosidad es tan solo reflejo de mi pasión por descubrir lo exótico en los lugares más familiares. Esta noche dormiré sin temor, y mañana el pandero y su soniquete que llama a las brujas de mi imaginación volverá a ser el mismo monte mustio y lleno de antenas que siempre ha sido, quizás algún día de estos incluso lo visite de nuevo...

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Foto: Archivo F. Teología. Portada del edificio Colegio Máximo sin el grupo escultórico religioso. (1898). Foto reproducida del libro Memoria Grafica de la Universidad de Granada de Antonio A. Ruiz Rodriguez. // Al fondo encima del edificio el Sombrerete de las Brujas. 

El Panderete de las Brujas III

Paso a reproducir el texto que encontré plegado mientras consultaba la edición más antigua que se conserva del libro de Manuel Fernández y González, en el cual aparece citado el Panderete de las Brujas:

''A las tres semanas de la rendición de Granada, una vez que la situación se había calmado entre la morisma, decidimos salir a buscar algún tesoro que los más nobles entre los granadinos hubieran podido haber escondido en las cercanías de la ciudad. Con este ánimo nos dirigimos al pago que los moros llamaban Dínadmar o Aynadamar, varias horas estuvimos buscando entre los huertos y albercas que había en este lugar hasta que cansados por el esfuerzo y desanimados por lo infructuoso del trabajo nos subimos a una especie de cerro plano que coronaba el lugar con la intención de otear mejor desde allí los alrededores en busca de nuevos destinos, el sitio era yermo pese a que en el entorno había agua en abundancia, las plantas crecían mustias y la tierra, de un rojo provechoso en el resto del pago era aquí grisácea, como si muchos incendios hubieran ocurrido en este lugar sin que nunca acabara de recuperarse del todo.

Al rato uno de los hombres que tenia encomendado el patrullar el cerro vino a nosotros con gran cuita y lamentándose de la mala fortuna y de la codicia que nos habían traído a aquel lugar. Pronto descubrimos lo que angustiaba al soldado: en la parte más alta del cerro encontramos una serie de piedras que formaban un gigantesco circulo coincidiendo con los limites de la meseta que coronaba el cerro, grabadas en las piedras se observaban letras demoníacas e imágenes malignas y blasfemas, un abominable sacrilegio se había llevado a cabo en ese lugar hacia no muchas noches, por todo el sitio seguimos encontrando las huellas del ritual que había mancillado con el mal aquel paraje. Asustados por lo que habíamos visto bajamos con gran prisa a Granada y una vez allí contamos el relato de lo que nos había ocurrido.

Poco tiempo después supimos de boca de los moros de la ciudad que aquel sitio era para ellos un monte prohibido y que lo rehusaban siempre. Inexplicablemente, por lo que pudimos saber, sus reyes habían estado siempre en buen término con una secta maligna que había llegado a la ciudad procedente de algún lugar remoto; desoyendo la opinión de sus sabios y religiosos de acabar con esa secta los reyes visitaban el cerro en ocasiones y hacían donativos a estas mujeres, mientras que el pueblo las acusaba de los mas crueles crimines y de la idolatría mas execrable. Justo cuando las actividades de estas brujas era más importante y osada las tropas cristianas entraron en la ciudad y lo último que se sabe de aquellas es que abandonaron por la noche su guarida, no sin antes proferir dañinas maldiciones sobre la ciudad y sus habitantes. 

La Inquisición acabó por mandar purgar el lugar, pero es bien sabido que tal orden no se llevó a cabo exhaustivamente, tal era el miedo y el mal que se desprendía de aquel santuario diabólico. Este monte paso a ser conocido como el Panderete de las Brujas, por la forma del cerro y las cosas que se han relatado que ocurrían en su cima''

Anónimo siglo XV.

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El Panderete de las Brujas II


''La figura de la cumbre justificaba el nombre de la colina: era enteramente redonda y perfectamente plana, como la superficie de un pandero; en cuanto a su calificación de Panderete de las brujas la justificaba el ser pública voz y fama que en aquel lugar se reunían todos los sábados a celebrar sus conventículos las brujas residentes en diez leguas a la redonda.''

(Los Monfíes de la Alpujarras. Fernández y González, Manuel, 1821-1888.)

Contaba que habiendo sido ya atrapado por las historias que se contaban sobre el Monte del Sombrero, me dedique durante algunas semanas a informarme con más detalle de aquellas supersticiones, en un principio como ya dije tal tarea me resultaba un entretenido pasatiempo, las citas que encontraba eran todas de novelas del siglo XIX, las cuales habrían recogido sin duda alguna verdad popular que circularía por la Granada de la época, pero dudaba yo que tuvieran mayor recorrido, dejando de lado, por supuesto, el que las brujas no existen, es más, creía yo por entonces que ni siquiera el mal, la voluntad maligna, fuera algo mas que una creación de las moralinas del pasado.

''La cumbre del cerro es redonda, formando como una especie de mesa motivo por el cual se llama comúnmente el panderete de las brujas, habiendo la creencia vulgar de que allí se congregaban en medio del silencio y la obscuridad de la noche, para tomar vuelo desde aquella altura.''

(Doña Isabel de Solis. Martínez de la Rosa, Francisco, 1787-1862)

Varios días llegue incluso a deambular por las proximidades del cerro, ciertas obligaciones me habían llevado a tener que subir a la facultad de letras, cerca también de nuestro embrujado promontorio, tras dar por concluidas las tareas que me ocupaban en la facultad siempre sacaba tiempo para pasear por los alrededores, donde numerosas ruinas y restos de antiguas construcciones jalonan el lugar. Nada de brujas. Pese a que aparentemente el tema parecía ya agotado, cada noche, antes de dormir, no podía evitar el mirar de soslayo aquel hito, ciertamente el paisaje que desde hace mas de veinte años llevo contemplando desde mi ventana había cambiado de repente, no sabría explicar bien esta sensación, mas de un día llegue incluso a cerrar la persiana sintiéndome observado desde aquella colina. Todos hemos padecido pequeñas neurosis a lo largo de nuestra vida, la ansiedad habita en las sombras y rincones de la cotidianidad, y esto era para mi consuelo suficiente.

Pero aquello lo cambio todo, yo seguía buscando en los libros antiguas menciones sobre aquel cerro, hasta que un día encontré algo inesperado, algo que no esperaba encontrar...

Las citas en cursiva sobre el Cerro del Sombrerete o Panderete de las Brujas, por supuesto y por desconcertantes que sean, son reales.

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El Panderete de las Brujas I


Cerca de donde se escribe este texto, muy cerca, a pocas leguas de hecho, hay una montaña, un cerro más bien, completamente estéril, mustio, colmado de antenas y atravesado por una carretera. Ahora mismo lo estoy viendo, y también parte de la Facultad de Psicología que se encuentra a las faldas del promontorio. Nada me había dicho nunca esa elevación, conocida popularmente como el Cerro del Sombrero por la forma que tiene al ser rodeado su cima plana por la carretera. No ha sido si no hasta hace poco que mis ojos han empezado a buscar sus anodinos contornos, primero con curiosidad, luego con fantasía y a día de hoy con absoluto terror. Para mi ya no son las antenas ni la llamativa fealdad del edificio de la facultad lo que acompaña la insípida soledad de este cerro. Os diré que desde que llego a mi conocimiento el nombre con el que era conocido ese paraje, el Panderete de las Brujas le decían, no cesó en mi la curiosidad de conocer más del porqué de aquel nombre. La curiosidad...

''—No es hora de largas pláticas, dije el otro: monta á caballo y
marcha al Panderete de las brujas.
—Te confieso que voy con repugnancia á ese lugar maldito.
—Te espera en él la Dama blanca.
—¡Oh! ¡la Dama blanca de la montaña! es verdad. Adios.
—No te olvides, de que á las doce debes estar en la taberna de
San Miguel.
—No lo olvidaré. Adios.
''

(Extracto de Los Monfíes de la Alpujarras. Fernández y González, Manuel, 1821-1888).

...la curiosidad que me hizo maravillarme al leer por primera vez este nombre en un libro que por azar estaba ojeando antes de dormir, poco después descubriría que dicho Sombrerete era el cerro que se veía desde mi ventana, mi voluntad había picado el anzuelo, y lo sujetaba con los tenaces dientes de la fantasía.

''—¡El Panderete de las brujas! dijo el jinete con cierto terror
supersticioso.
''

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Cuadro del pintor granadino Luis Ricardo Falero, (Granada, 1851 - Londres, 1896) P.d: Creemos que no tiene ni calle en Granada, por supuesto tampoco estatua en el paseo de la Constitución.

Las Manos de la Alhambra

Misteriosa mano de gigante en una de las torres de la Alhambra. 

Viejas tradiciones...¿que nunca mueren?

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La Torre del Nigromante II

Gracias a las obras que se llevan a cabo en el hotel Washington Irving tuvimos acceso a unos manuscritos en los que se relataba la historia de un extraño noble persa que habitó en lo que hoy conocemos como Cuarto Real de Santo Domingo, los manuscritos estaban ocultos en una pequeña torre situada en la parte trasera del hotel y que hoy ya no existe. Junto a los manuscritos antiguos encontramos también un diario que debió escribir la persona a la cual pertenecían aquellos libros. Nos guardaremos de entrar en detalles, pero al parecer la historia del noble persa debió de interesar al famoso ocultista ingles Aleister Crowley, y también a sus enemigos, uno de los cuales, en un intento de evitar que aquel tuviera acceso a los secretos que ellos creían que aun guardaba la qubba del Cuarto Real de Santo Domingo, decidió visitar la ciudad buscando algo que desconocemos, lo único de lo que podemos estar seguros es que el personaje que estuvo en la torre del hotel, que se hacia denominar como un ''alquimista de la luz, dispuesto a luchar hasta las ultimas consecuencias contra los poderes nigromanticos que Crowley parecía estar atesorando'', vio frustrado su objetivo, y añadiremos que para desgracia de todos nosotros que así fuera, puesto que lo que acabo con la vida de aquel hombre, en caso de ser real todo lo que se cuenta en el diario y no el producto de una mente enfermiza, es algo contra lo cual todos nosotros deberíamos estar en alerta.