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martes, 3 de noviembre de 2015

Las Agujas de Dílar II

El Cromlech de Dílar II

Allá por el 1851 un pequeño pueblo de nuestra tierra vivió unos días de auténtico pavor. Hace tiempo os hablábamos sobre la excepcionalidad histórica y arqueológica del cromlech que hubo en Dílar, puesto que es algo totalmente inusual en estas tierras. Desconcierta saber que su existencia fue sorprendentemente efímera, ya que se destruyó al poco de su hallazgo y su recuerdo prácticamente se ha perdido: quién pregunta o busca más información se acaba topando con una cortina de silencio.

Como decíamos, este cromlech era en realidad un conjunto de tres círculos de piedras megalíticos, si acaso parecidos a Stonehenge excepto por sus menores dimensiones y por custodiar las almas de guerreros antiguos, bajo el túmulo que delimitaban sus menhires. Hoy, algunos arqueólogos lo conocen sin darle excesiva importancia: unos vestigios más destruidos por el tiempo, cuyo dólmen más importante han reconstruido parcialmente en el Parque de las Ciencias de Granada. Allí podéis visitar esta copia, en la que por supuesto no queda rastro alguno del terror que aquellos túmulos encantados inspiraron a toda la gente que los vieron con sus propios ojos.

En aquellos años de pobreza del s.XIX un cazador empeñado en sacar a su presa de una madriguera sintió como el suelo se hundía bajo sus pies. Cayó en una cámara subterránea largo tiempo olvidada, que protegía los huesos de antiguos caudillos que rápidamente apartó sin cuidado, pues el cazador sólo se fijó en los restos de oro y bronce, cuya extraña decoración atrajo su mirada. Y cautivó su alma.

Su avaricia no pasó desapercibida. Como en todos los pueblos, la noticia corrió como la pólvora: los más jóvenes del país se dirigieron hacia la lúgubre explanada de los Toriles, antesala de la sobrecogedora Boca del Río Dílar, que se encuentra protegida por dos imponentes moles afiladas que la siguen flanqueando. Iban a por riquezas, cavando de día y atreviéndose a dormir allí de noche. Pero lo que allí hallaron no era lo que buscaban.

Lo único que sabemos es que, a los pocos días, las ruinas fueron destruidas y las rocas arrancadas del suelo y dispersadas, como queriendo borrar su existencia. Lo que sucedió allí, si es que alguien lo sigue recordando, debe sobrevivir en la memoria de los más mayores del lugar: de aquellos pocos a los que sus padres se atrevieron a contárselo, movidos por el temor y la desesperación de ver desaparecer a sus hijos. Los que presenciaron aquellos días, vieron con sus ojos y sintieron en su corazón lo que le sucedió a aquellos que cavaron cegados por la codicia en un lugar silenciosamente protegido.

Sólo nos queda el relato de un erudito, don Manuel de Góngora y Martínez, que en 1868 nos legó testimonio de que "el monumento en cuestion era un dólmen complicado de nueve metros de largo... Sobre él se elevó un montículo de tierra, cuyo diámetro mide veinte y tres metros, y le limitaron con círculo de piedras clavadas en el suelo que, por punto general tienen ochenta centímetros de longitud...". Se hallaron otros dos túmulos con cromlech, de más de 15 y 18 metros de diámetro, y que llegaron a tener más de tres metros de alto.

Aunque don Manuel no fue testigo ocular de aquello, supo que las gentes de allí creían en cosas inverosímiles. Decía textualmente: "...me refiero á los monumentos formados de grandes piedras sin labrar, atribuidas por el vulgo á los gigantes ó á los encantadores, por los eruditos a los celtas,..."

Su amigo, el artista Martín Rico, dejó un testimonio mucho más inquietante en su cuadro, que a continuación reproducimos. En él se ven los Alayos entre nieblas, evocando las brumas del pasado; los tres círculos de las agujas de Dílar -así las llamaron los lugareños-, que medían en torno a un metro de alto, y dominando la escena desde la esquina superior de la pintura, el Veleta imperante.

 Los tres misteriosos Cromlech de Dílar (pintura de Martín Rico)
  
Hay una vieja leyenda irlandesa, relatada en un cuento del argentino Enrique Anderson Imbert, La Peste, que podría ilustrarnos sobre el horror vivido aquellos días en que unos espíritus en letargo fueron despertados para abandonar sus hogares bajo tierra y recordarles a los vivos que seguían existiendo. Robarles sus tesoros era arrebatarles la vida, y la defenderían como sólo ellos saben hacer: helando los corazones, erizando los cabellos, enloqueciendo las mentes.

"El primer signo de que las hadas de Irlanda estaban debilitándose enfermándose, muriéndose, lo notaron los hombres de Sligo. En una localidad llamada Rosses hay un montón de piedras: un pastor que durmió allí despertó loco. A los pocos días lo mismo ocurrió a otro. Y después a otro. Ya no hubo dudas: lo que pasaba era que las hadas robaban las almas a los dormidos dejándoles solamente sus ensueños. Cuando despertaban, los empobrecidos pastores no podían pensar ni hablar sino con los pocos ensueños que les quedaban en la cabeza..."

Por unos días las hadas de aquella historia no fueron de Irlanda sino de Granada, y los hombres de Sligo, de Dílar. Los pobres ingenuos que intentaron apropiarse de los tesoros de antiguos guerreros encantados acabaron vagando, errantes y perdidos, por los Alayos de Dílar bajo la sombra del Trevenque y la mirada del Veleta.

La Boca del Río Dílar, paso natural a los Alayos, entre el Faufín y Los Picachos.


lunes, 2 de noviembre de 2015

El Día de las Ánimas

La Víspera de las Ánimas traía consigo un sinfín de luceros nocturnos que paseaban bajo la luz de la luna tomando caprichosas formas. Al despuntar el Día de los Santos, aquellas motas brillantes se relajaban en las sombras que iba dejando el sol de la mañana. Una noche más, vagaban por caminos y bosques, visitando ruinas abandonadas y lugares sagrados.

Dicen que éstas luces tenían nombres, y que abandonaban el mundo de los vivos cuando caía el atardecer del Día de los Difuntos. No volvían solas. En sus brazos portaban nuevas estrellas, que elevaban consigo a lo más alto del cielo para añadirlas al collar de perlas brillantes que cada noche domina el firmamento. 

"Porque los hombres fueron engendrados con esta ley, y deben cuidar de este globo que ves en el centro de este templo y se llama la Tierra, y se les dio el alma sacada de aquellos fuegos eternos que llamamos constelaciones y estrellas, que en forma de globos redondos, animados por mentes divinas, recorren con admirable celeridad sus órbitas circulares..." (Cicerón - El Sueño de Escipión, en su De Repubica VI,15)

Pintura del granadino Luis Ricardo Falero, Estrellas Gemelas (París, 1881). - Metropolitan Museum NY.

Pescar en el cielo

''Después de admirar el paisaje, cuando el sol hacía imposible nuestra permanencia en aquel lugar, nos disponíamos a descender; observamos, con gran sorpresa, que en una de las torres de la Alhambra dos o tres muchachos agitaban largas cañas, como si quisieran pescar en el aire, [...]

¿Qué mejor pasatiempo que el de cazarlas por medio de anzuelos encebados con apetitosas carnadas?
¡Pescar en el cielo! He aquí el grato y productivo deporte inventado por los habitantes de la Alhambra.''

Ésto lo escribía Washington Irving en su cuento El Palacio de la Alhambra, una tarde de 1829 en la que el paso del día a la noche confundía los ojos de un romántico en un lugar mágico, poblado por seres encantados.

Que sepamos, ningún artista de su época - y ni anterior ni posterior-, ningún escritor, pintor, poeta, fotógrafo o ilustrador, nos ha dejado un testimonio similar de esta imagen tan poética. El genio de la Alhambra es caprichoso en días como éste.



La historia real es la de unos pescadores de golondrinas que, con cebo de mosca, esperaban pacientemente en las adarves almenados de la Alhambra.

Fragmento completo de la versión original:

Before concluding these remarks, I must mention one of the amusements of the place which has particularly struck me. I had repeatedly observed a long lean fellow perched on the top of one of the towers, manoeuvring two or three fishing-rods, as though he were angling for the stars. I was for some time perplexed by the evolutions of this aerial fisherman, and my perplexity increased on observing others employed in like manner on different parts of the battlements and bastions; it was not until I consulted Mateo Ximenes, that I solved the mystery.

It seems that the pure and airy situation of this fortress has rendered it, like the castle of Macbeth, a prolific breeding-place for swallows and martlets, who sport about its towers in myriads, with the holiday glee of urchins just let loose from school. To entrap these birds in their giddy circlings, with hooks baited with flies, is one of the favorite amusements of the ragged “sons of the Alhambra,” who, with the good-for-nothing ingenuity of arrant idlers, have thus invented the art of angling in the sky.

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El Golem I

EL GOLEM I

Ahora en serio: el Golem. El golem es la muerte de Dios. Y eso no importa, también es la muerte de la muerte; es la muerte de Prometeo: el dios humano; el fin del azar y el fin del azar es el final del amor: no hay nada más aleatorio que la gota de semen que cae; el golem es el fin del infinito. Es el ser más terrible que haya existido nunca, y por suerte, las veces que lo ha hecho ha sido vencido, ¿como un ser tan poderoso ha podido ser derrotado?

Y en Granada...

En Granada y en otras ciudades mágicas, donde el teatro de la vida se interpreta mejor: tiene mejores actores, mejor escenario y los sentimientos mueven más átomos y células que en otros sitios. Allí, aquí en esta ciudad, en las callejuelas y adarves de su judería hubo una noche el la que el Autómata caminó entre nosotros. El poder de la letra y la hibris de aquellos humanos que conocen lo que no debe de ser conocido lo convocó de entre los anhelos del hombre: ¡Quien lo diría! Son tantas las pesadillas y los terrores que mueren al alba, tantas las miserias que el tiempo apacigua...Y tuvo que ser un anhelo el que estuvo a punto de acabar con la vida.

Llegó desde oriente, oculto en un libro, como lo hacen los auténticos demonios, un libro que fue guardado durante mucho tiempo en las mazmorras que hoy día podemos ver en lo alto de la colina del Mauror...

El Golem

''Y finalmente el Golem fue vencido, la chispa vital que refulgía en sus ojos tallados en la dura piedra desapareció y por toda la judería granadina se escucharon los nombres malditos de todos aquellos que algún día habían intentado convocar al Golem sin lograrlo...

-Joven Saúl, ahora la estatua quedará bajo tu custodia, dijo el extranjero que le había ayudado a vencer al autómata.

-Yo condeno a ese trozo de piedra a dar la vida que un día creyó poder arrogarse en contra de las leyes de Dios, contestó.''



Las fotos son de las fuentes que hay en el convento de San Francisco, actual Parador Nacional.

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viernes, 9 de octubre de 2015

Mansiones abandonadas de Granada

Cuando se ve un nido se piensa en un pájaro, cuando es la luz encendida de un piso se cree que hay alguien viviendo allí. Cuando se ven estas moradas lo normal es pensar en cuentos, en cuentos de fantasmas...

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Relieve de Quéntar

Dicen que los cuentos, sobre todo los que hablan de los misterios mas terribles, de seres desconocidos, de amores imposibles y de los motivos mas insólitos, son en verdad la herramienta con que la magia de los humanos limpia el mundo de tales hechos antinaturales, encerrándolos en los libros y retirando de nuestro mundo realidades que nuestra cultura no esta dispuesta o no puede asimilar. Hace mucho tiempo que se selló, quizás en las praderas de Etiopía o en las selvas de Zaire lo que podía y no podía llegar a ser en el mundo, lo que seria realidad y lo que seria cuento. Este grabado perdido en las montañas cercanas a Quentar nos indica que falta un cuento por escribirse aun el mundo.


El Panderete de las Brujas II


''La figura de la cumbre justificaba el nombre de la colina: era enteramente redonda y perfectamente plana, como la superficie de un pandero; en cuanto a su calificación de Panderete de las brujas la justificaba el ser pública voz y fama que en aquel lugar se reunían todos los sábados a celebrar sus conventículos las brujas residentes en diez leguas a la redonda.''

(Los Monfíes de la Alpujarras. Fernández y González, Manuel, 1821-1888.)

Contaba que habiendo sido ya atrapado por las historias que se contaban sobre el Monte del Sombrero, me dedique durante algunas semanas a informarme con más detalle de aquellas supersticiones, en un principio como ya dije tal tarea me resultaba un entretenido pasatiempo, las citas que encontraba eran todas de novelas del siglo XIX, las cuales habrían recogido sin duda alguna verdad popular que circularía por la Granada de la época, pero dudaba yo que tuvieran mayor recorrido, dejando de lado, por supuesto, el que las brujas no existen, es más, creía yo por entonces que ni siquiera el mal, la voluntad maligna, fuera algo mas que una creación de las moralinas del pasado.

''La cumbre del cerro es redonda, formando como una especie de mesa motivo por el cual se llama comúnmente el panderete de las brujas, habiendo la creencia vulgar de que allí se congregaban en medio del silencio y la obscuridad de la noche, para tomar vuelo desde aquella altura.''

(Doña Isabel de Solis. Martínez de la Rosa, Francisco, 1787-1862)

Varios días llegue incluso a deambular por las proximidades del cerro, ciertas obligaciones me habían llevado a tener que subir a la facultad de letras, cerca también de nuestro embrujado promontorio, tras dar por concluidas las tareas que me ocupaban en la facultad siempre sacaba tiempo para pasear por los alrededores, donde numerosas ruinas y restos de antiguas construcciones jalonan el lugar. Nada de brujas. Pese a que aparentemente el tema parecía ya agotado, cada noche, antes de dormir, no podía evitar el mirar de soslayo aquel hito, ciertamente el paisaje que desde hace mas de veinte años llevo contemplando desde mi ventana había cambiado de repente, no sabría explicar bien esta sensación, mas de un día llegue incluso a cerrar la persiana sintiéndome observado desde aquella colina. Todos hemos padecido pequeñas neurosis a lo largo de nuestra vida, la ansiedad habita en las sombras y rincones de la cotidianidad, y esto era para mi consuelo suficiente.

Pero aquello lo cambio todo, yo seguía buscando en los libros antiguas menciones sobre aquel cerro, hasta que un día encontré algo inesperado, algo que no esperaba encontrar...

Las citas en cursiva sobre el Cerro del Sombrerete o Panderete de las Brujas, por supuesto y por desconcertantes que sean, son reales.

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Rostros de Granada II

Esa incomoda sensación de, estando solo, sentir que hay alguien observándote en algún lado, escondido...

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La Torre del Nigromante I

Detalle de la decoración de la qubba del Cuarto Real de Santo Domingo. Es posible que los antiguos textos a los que hemos tenido acceso hace poco desde Weird Tales Granada no sean más que falsificaciones, también es posible que estas fuentes mientan a conciencia, lo cierto es que aun no tenemos hechos objetivos que nos hagan pensar que esto es así, tan solo la extrañeza de los hechos que narran nos predispone a pensar que los textos no deben de narrar ninguna realidad. Trascribimos aquí una parte:

''No hay mas Dios que Allah y Mahoma es su profeta [...] desde el palacio que esta situado en el barrio de Rabad al-Fajjarin, nos ha llegado noticias de terribles sucesos [...] desde la llegada de aquel noble persa perteneciente a la secta de los cármatas no hay noche en la que las mezquitas del barrio no paren de emitir sonidos parecidos a los de los muecines en su llamada a la oración, quienes han escuchado estos extraños cánticos dicen que vienen acompañados con inexplicables sombras y sonidos de pisadas sobre los tejados de las casas [...] nadie se atreve a entrar en la rauda del barrio y varios cadáveres que esperaban a ser enterrados han desaparecido misteriosamente, varios de los esclavos al servicio del noble persa alojado en el palacio hace tiempo no han sido vistos por el mercado hasta que hace unos días [...] desde hace dos días nadie sale o entra al palacio, tan solo un forastero lo frecuenta a altas horas de la noche [...] hemos quemado todos los libros blasfemos que hallamos en el interior, pero al intentar picar las calaveras que encontramos profanando las sagradas palabras del Corán nuestras herramientas se rompían y esto asusto mucho a los trabajadores, la qubba permanecerá cerrada...''

A partir de aquí el texto esta perdido, sin embargo aun disponemos de otros manuscritos que arrojaran mas luz sobre el asunto, os mantendremos actualizados.

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Fotografía: Detalle de la decoración del Cuarto Real de Santo Domingo. La escritura cúfica y los elementos vegetales confunden a los ojos con cierto toque macabro e inconsciente...



Ogros de Bib-rambla

La desconcertante fuente que preside, hoy día, la Plaza de Bib-rambla, se encuentra sostenida por cuatro ogros o trolles petrificados, cada uno con una historia detrás...

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El Ángel Custodio de los Rodríguez Acosta.

Con un misterioso fuego en los ojos, un ángel caído congelado en roca cristalina vigila, sin descanso, la entrada a los pasadizos subterráneos del Carmen Blanco. Este capitel en el Carmen de los Rodriguez Acosta es Weird Tales Granada Total!

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El Unicornio de la Alhambra

En el Convento de San Francisco, construido sobre los restos de un palacio de la época de Muhammad III, en una de las lápidas que allí se encuentran, perteneciente a un individuo del Santo Oficio, nos encontramos con este ser de leyenda. 

Se dice de este animal en los textos antiguos que tenia el poder de purificar el agua, se da la casualidad de que junto a esta lápida pasa la acequia de la Alhambra que va hacia los palacios. Sin duda la magia del azar es la más poderosa de todas, y en esta colina de la ciudad de Granada debe existir algún poderoso sortilegio, quizás la imagen más bella hubiera sido la de imaginar rebaños de unicornios pastando por los prados que las rezumantes acequias crean al pasar por el Valle del Darro, mientras purificaban con su presencia el agua que habían de beber los reyes. De vivir en un tiempo mítico sin duda no habríamos de descartar esta posibilidad, hoy día nos bastamos con desentrañar las imágenes que el azar nos lega como si fueran las ruinas evocadoras de aquel tiempo mítico.




Cuevas con Rostro

Muchas veces se ha dicho de las cuevas que son ojos abiertos a las profundidades de la tierra, ojos por donde los humanos miran, exploran y miden con sus instrumentos las regiones del planeta que le son desconocidas. Pocas veces en cambio se habrá escuchado de ellas que quizás sean ojos, sí, pero no sólo desde donde nosotros miramos, si no también desde donde nos observan.

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El Duende de Granada II

"Como de costumbre, cada domingo al romper la mañana un santo y respetado padre salía de las casas de Santo Domingo, rumbo a San Juan. La monótona rutina del camino se rompió cuando, un día, apareció una anciana vestida toda de negro, llamándole la atención: arrodillada ante una de las cruces que había en el camino, se balanceaba repitiendo alguna piadosa letanía entre susurros, con las manos recogidas en el pecho. Cada mañana se le adelantaba, hasta que su nuevo discípulo (un tal Pedro, llegado de Castilla la Vieja), en su curiosidad, le animó a preguntarle la causa de tan pesada penitencia. Ella les ignoró, y sólo después de mucha insistencia lograron saber que la mujer llevaba semanas sin descansar, consumida por algún trauma que le llevaba a aquella manía impulsiva que, sin embargo, no parecía haberla sumido en la locura, aunque sus ojos mostraran pavor.

Al revelarles la parroquia a la que pertenecía, los dos reverendos se lo tomaron con calma. Y un sábado de madrugada, el anciano despertó a su aprendiz y se desviaron de su habitual rumbo, perdiéndose en el caserío. Con las calles completamente desiertas, el silencio pesaba en aquella la oscuridad sólo aligerada por un alba que empezaba a clarear muy débilmente. Ello, hasta que de repente una figura saltó de la nada, aunque detenida casi instantáneamente por el anciano. Con las manos adelantadas, Pedro sólo pudo darse cuenta de cómo la calle se iluminaba levemente, mientras su maestro pronunciaba unas palabras ininteligibles -ni latín, ni griego, ni hebreo, al menos-, que acabaron con un sordo fogonazo. Y volvió el silencio. No le dio ni siquiera tiempo a santiguarse: tampoco hubiera servido de nada, como le dijo el anciano sacerdote que le apadrinaba. Encendiendo un pequeño candil, le mostró la pared que tenían delante.

- Míralo. Es inofensivo. Lo que has visto, o mejor dicho, sentido, quedará ahí hasta que este edificio desaparezca: su destino quedará unido al de esta roca. Esto ya lo aprendió no sin pocas penas Cisneros, cuando derribó ciertas casas y templos de los moros, ignorante como todos los buenos cristianos viejos que le acompañaban por aquél entonces. Algunos de estos seres andan sueltos desde entonces; otros, dicen, siempre han sido libres y nadie de entre moros o cristianos los han logrado apresar. Ahora descansaremos, pues mañana sabrás más de esto a la luz de los códices que guardamos. ¡Pobre Cisneros! El Alcorán era el menos importante de los libros que los mahometanos guardaban con celo en su Madraza y, pese a su ignorancia, algunos de sus consejeros supieron salvar aquellos que los sabios infieles más valoraban. Gracias a ello podemos mantener la cordura en Granada. Por hoy, Pedro, ya has visto suficiente."

Aún hoy, aquel rostro se puede ver en una de las callejuelas del Bajo Albaycín.

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El Duende de Granada I

Un gnomo escurridizo y alegre,
de mirada fría como la escarcha,
con pies ligeros trota, libre y felizmente,
bajo las tenues noches de luna clara.

Un cantarín duende de aspecto infantil.
Figurilla ella saltarina y risueña que,
De tejado en tejado, entre tretas, graciosa,
Con aguda risilla traviesa y sonora,
atormenta a los extraviados por el Albaycín,

Un diminuto elfillo que pasaba largos ratos
Jugando en la ruinosa Torre del Alquimista:
A salvo de la jauría del ciego Velludo
Silbando, cantando, disfrutando de sus vistas.

Una sombra fugaz, iracunda, sin morada,
al que algún insensato descuidado
Ha destruido su mirador favorito hechizado:
Así anda ahora, enloquecida, descontrolada,
Buscando cruel y merecida venganza.



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