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lunes, 2 de noviembre de 2015

El Día de las Ánimas

La Víspera de las Ánimas traía consigo un sinfín de luceros nocturnos que paseaban bajo la luz de la luna tomando caprichosas formas. Al despuntar el Día de los Santos, aquellas motas brillantes se relajaban en las sombras que iba dejando el sol de la mañana. Una noche más, vagaban por caminos y bosques, visitando ruinas abandonadas y lugares sagrados.

Dicen que éstas luces tenían nombres, y que abandonaban el mundo de los vivos cuando caía el atardecer del Día de los Difuntos. No volvían solas. En sus brazos portaban nuevas estrellas, que elevaban consigo a lo más alto del cielo para añadirlas al collar de perlas brillantes que cada noche domina el firmamento. 

"Porque los hombres fueron engendrados con esta ley, y deben cuidar de este globo que ves en el centro de este templo y se llama la Tierra, y se les dio el alma sacada de aquellos fuegos eternos que llamamos constelaciones y estrellas, que en forma de globos redondos, animados por mentes divinas, recorren con admirable celeridad sus órbitas circulares..." (Cicerón - El Sueño de Escipión, en su De Repubica VI,15)

Pintura del granadino Luis Ricardo Falero, Estrellas Gemelas (París, 1881). - Metropolitan Museum NY.

Pescar en el cielo

''Después de admirar el paisaje, cuando el sol hacía imposible nuestra permanencia en aquel lugar, nos disponíamos a descender; observamos, con gran sorpresa, que en una de las torres de la Alhambra dos o tres muchachos agitaban largas cañas, como si quisieran pescar en el aire, [...]

¿Qué mejor pasatiempo que el de cazarlas por medio de anzuelos encebados con apetitosas carnadas?
¡Pescar en el cielo! He aquí el grato y productivo deporte inventado por los habitantes de la Alhambra.''

Ésto lo escribía Washington Irving en su cuento El Palacio de la Alhambra, una tarde de 1829 en la que el paso del día a la noche confundía los ojos de un romántico en un lugar mágico, poblado por seres encantados.

Que sepamos, ningún artista de su época - y ni anterior ni posterior-, ningún escritor, pintor, poeta, fotógrafo o ilustrador, nos ha dejado un testimonio similar de esta imagen tan poética. El genio de la Alhambra es caprichoso en días como éste.



La historia real es la de unos pescadores de golondrinas que, con cebo de mosca, esperaban pacientemente en las adarves almenados de la Alhambra.

Fragmento completo de la versión original:

Before concluding these remarks, I must mention one of the amusements of the place which has particularly struck me. I had repeatedly observed a long lean fellow perched on the top of one of the towers, manoeuvring two or three fishing-rods, as though he were angling for the stars. I was for some time perplexed by the evolutions of this aerial fisherman, and my perplexity increased on observing others employed in like manner on different parts of the battlements and bastions; it was not until I consulted Mateo Ximenes, that I solved the mystery.

It seems that the pure and airy situation of this fortress has rendered it, like the castle of Macbeth, a prolific breeding-place for swallows and martlets, who sport about its towers in myriads, with the holiday glee of urchins just let loose from school. To entrap these birds in their giddy circlings, with hooks baited with flies, is one of the favorite amusements of the ragged “sons of the Alhambra,” who, with the good-for-nothing ingenuity of arrant idlers, have thus invented the art of angling in the sky.

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viernes, 9 de octubre de 2015

El Día de San Juan en la Granada nazarí

"La mañana de San Juan / al tiempo que alboreaba, / gran fiesta hacen los moros / por la Vega de Granada.

Revolviendo sus caballos / y jugando de las lanzas, / ricos pendones en ellas / broslados por sus amadas, / ricas marlotas vestidas / tejidas de oro y grana.

El moro que amores tiene / señales de ello mostraba, / y el que no tenía amores / allí no escaramuzaba. / Las damas moras los miran

de las torres del Alhambra, / también se los mira el rey / de dentro de la Alcazaba."


Así recuerda el romance de La Pérdida de Antequera, del siglo XIV, la celebración del día de San Juan por los habitantes de la Granada nazarí. Parte de los ricos y excepcionales frescos nazaríes de la Sala de los Reyes de la Alhambra podrían ilustrar esta escena, junto a los más desconocidos de la Casa del Partal. Ambos, también, de aquel siglo XIV. Sobre el gigante dorado representado en una de sus escenas hablaremos adelante.

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Imágenes: Palacio del Partal (cabalgata) y Sala de los Reyes de la Alhambra.