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viernes, 17 de marzo de 2017

¡Feliz día de San Patricio!

En Granáh es una tradición que llevamos celebrándola desde el Siglo de Oro. Tal día como hoy, en 1880 Muñoz Degraín brindó en una taberna cualquiera de Calle Elvira, encajonada en una casa morisca y abarrotada de irlandeses. De lo que vió, su cuadro es suficientemente expresivo:


domingo, 27 de marzo de 2016

El Agua de Granada

A veces ocurre que el sonido del agua de las fuentes salta las tapias de los cármenes, y que la humedad de las acequias transgrede muy lejos por el llano, y que las lágrimas resbalan profundas por las mejillas hasta el pecho, y las nieves palidecen el horizonte mas allá de las montañas. A veces la humedad se mueve como si tuviera las patas de un gato y fuese capaz de escabullirse por los infinitos pozos y aljibes de la ciudad, llevada por arte de magia de un lado a otro. Las traviesas gotas del agua de Granada parecen moverse como si fueran la montura de un ser fantástico:

''Y como las hadas tienen un gusto exquisito, aconteció que muchas dejaron los jardines de Alejandría y las amenas riberas de la soberbia Stambul, para venir a fijarse en los valles granadinos y tomar posesión de sus pintorescos y bellísimos cármenes y fuentes...''

Leyenda de la Fuente Misteriosa, de Afán de Ribera.

Foto: Carmen de la Victoria

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martes, 22 de diciembre de 2015

¡Feliz Solsticio de Invierno!

"Artemisa", de George Owen Wynne Apperley, pintor afincado en Granada (1939).

Artemisa, o Diana, es diosa de la luna: hoy es la noche más larga y el día más corto del año.




lunes, 2 de noviembre de 2015

Pescar en el cielo

''Después de admirar el paisaje, cuando el sol hacía imposible nuestra permanencia en aquel lugar, nos disponíamos a descender; observamos, con gran sorpresa, que en una de las torres de la Alhambra dos o tres muchachos agitaban largas cañas, como si quisieran pescar en el aire, [...]

¿Qué mejor pasatiempo que el de cazarlas por medio de anzuelos encebados con apetitosas carnadas?
¡Pescar en el cielo! He aquí el grato y productivo deporte inventado por los habitantes de la Alhambra.''

Ésto lo escribía Washington Irving en su cuento El Palacio de la Alhambra, una tarde de 1829 en la que el paso del día a la noche confundía los ojos de un romántico en un lugar mágico, poblado por seres encantados.

Que sepamos, ningún artista de su época - y ni anterior ni posterior-, ningún escritor, pintor, poeta, fotógrafo o ilustrador, nos ha dejado un testimonio similar de esta imagen tan poética. El genio de la Alhambra es caprichoso en días como éste.



La historia real es la de unos pescadores de golondrinas que, con cebo de mosca, esperaban pacientemente en las adarves almenados de la Alhambra.

Fragmento completo de la versión original:

Before concluding these remarks, I must mention one of the amusements of the place which has particularly struck me. I had repeatedly observed a long lean fellow perched on the top of one of the towers, manoeuvring two or three fishing-rods, as though he were angling for the stars. I was for some time perplexed by the evolutions of this aerial fisherman, and my perplexity increased on observing others employed in like manner on different parts of the battlements and bastions; it was not until I consulted Mateo Ximenes, that I solved the mystery.

It seems that the pure and airy situation of this fortress has rendered it, like the castle of Macbeth, a prolific breeding-place for swallows and martlets, who sport about its towers in myriads, with the holiday glee of urchins just let loose from school. To entrap these birds in their giddy circlings, with hooks baited with flies, is one of the favorite amusements of the ragged “sons of the Alhambra,” who, with the good-for-nothing ingenuity of arrant idlers, have thus invented the art of angling in the sky.

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El Golem

''Y finalmente el Golem fue vencido, la chispa vital que refulgía en sus ojos tallados en la dura piedra desapareció y por toda la judería granadina se escucharon los nombres malditos de todos aquellos que algún día habían intentado convocar al Golem sin lograrlo...

-Joven Saúl, ahora la estatua quedará bajo tu custodia, dijo el extranjero que le había ayudado a vencer al autómata.

-Yo condeno a ese trozo de piedra a dar la vida que un día creyó poder arrogarse en contra de las leyes de Dios, contestó.''



Las fotos son de las fuentes que hay en el convento de San Francisco, actual Parador Nacional.

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viernes, 9 de octubre de 2015

Antiguos Saberes

Nos cuenta George Borrow, un misionero ingles, que estando en Granada con el objetivo de convertir al protestantismo a la población gitana de la ciudad, fue testigo de como los gitanos se daban cita en las cuevas del Sacromonte para hablar sobre las ''cosas de Egipto''. Hoy, mientras holgazaneaba con mi amigo en la Placeta del Sol, conocida por las buenas gentes como ''El Lavaero'', observe un hecho que servirá, junto con la historia de Borrow, para justificar la extravagante conclusión que os brindo al final de este texto. 

Bien, estaba yo con mi amigo fumando y bebiendo cerveza cuando un egiptiano revolucionó lo que en estos momentos era el ocaso de una conversación sobre mujeres. Al gitano no podre describirlo, puesto que antes de que se sentara tras una columna paralelo a nosotros y empezara delirar no le habíamos prestado atención alguna: -Personajes costumbristas en Granada los hay en numero suficiente como para que la aparición de uno de ellos no llegara a interrumpir nuestra entretenida conversación-, eso fue lo que debimos pensar, después llego la sorpresa. Esta llego como lo suelen hacer las sorpresas, con impertinencia y molestia: el gitano, del que solo veíamos su sombra nerviosa y de contorno dorado por el sol del atardecer, empezó a hablar en tono de protesta sobre distintos asuntos ridículos y absurdos, su dialogo violento provoco en un primer momento que las palabras apagadas que aun se resistían a irse con el atardecer a otro lugar mas concurrido de la ciudad quedasen mudas. En ese momento mire a mi amigo y después a la botella de cerveza que acabábamos de terminar, supongo que si el gitano no hubiese cambiado de repente y sin que lo notásemos el contenido de su verborrea, aquella mirada hubiera bastado para provocar que mi amigo me sugiriese la idea de irnos de allí. Pero las palabras locas de aquel hombre estaban tensando de tal manera el ambiente que nos empezaba a incomodar siquiera el movernos. Fue entonces cuando oímos por primera vez la palabra ''vikingo'' de boca del gitano, nuestro asombro vendría cuando nos dimos cuenta de que aquel hombre no hacia otra cosa que declamar en ese instante algún fragmento de una saga nórdica; pronto se rompió aquella ilusión y de nuevo el torrente de palabras volvió a ser un batiburrillo de quejas y frases inconexas. Cuando aun no nos habíamos repuesto del todo de aquel rayo sin nube otro fulgor sobresaltaba nuestros oídos, ahora con ribetes orientales: puesto que aquel gitano empezaba a divagar sobre los orígenes judaicos del barrio, -nos encontramos en el Realejo, punto neuralgico de la Garnata al-Yahud- y sobre el monoteismo de los hebreos...del cual negó su originalidad ya que antes Akenaton había hablado de un Dios único!. Yo no podía salir de mi asombro, en ese momento me hubiera esperado, en caso de que la escena no se hubiera visto interrumpida por la llegada de unos amigos del gitano loco, haber podido escuchar retazos del Popol Vuh, alguna historia sobre la Ciudad de Bronce o incluso sentencias de antiguos filósofos.

Me despedí de mi amigo en Plaza Nueva, desde que bajamos desde el ''Lavaero'' no pronunciamos apenas palabra, mas que para convencernos el uno al otro de la escena tan extraña que habíamos presenciado. Pronto cogí camino a mi casa que estaba en la otra punta de la ciudad, mientras caminaba me acorde de aquel misionero protestante y las historias que contaba sobre los gitanos de Granada. Cuando salia de Calle Elvira atravesando la puerta monumental que formaba parte de la antigua muralla de ciudad, escuchando a lo lejos el guirigay de risas, voces infantiles, gritos y músicas de calle que forman la orquesta diaria de la ciudad, fui preso de una revelación. Queda aun un saber antiguo y mágico entre los gitanos del Sacromonte y el Realejo, un saber que no se aprende sino que se respira y que termina por afectar a los que viven largo tiempo cerca de las cuevas y los antiguos hornos donde antes se reunían aquellas gentes. Es posible incluso que en cierta medida la locura que de vez en cuando se manifiesta entre los naturales de Granada, esa locura que no es paralela a la locura de la modernidad que es el marchamo de las grandes urbes, sino que es aun una locura romántica; es posible aun como digo que esa locura no sea otra cosa que los restos de aquellas ''cosas de Egipto'' que los gitanos y probablemente antes los árabes trajeron desde oriente a este enclave de romanticismo dentro del caos de la posmodernidad.

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El Duende de Granada I

Un gnomo escurridizo y alegre,
de mirada fría como la escarcha,
con pies ligeros trota, libre y felizmente,
bajo las tenues noches de luna clara.

Un cantarín duende de aspecto infantil.
Figurilla ella saltarina y risueña que,
De tejado en tejado, entre tretas, graciosa,
Con aguda risilla traviesa y sonora,
atormenta a los extraviados por el Albaycín,

Un diminuto elfillo que pasaba largos ratos
Jugando en la ruinosa Torre del Alquimista:
A salvo de la jauría del ciego Velludo
Silbando, cantando, disfrutando de sus vistas.

Una sombra fugaz, iracunda, sin morada,
al que algún insensato descuidado
Ha destruido su mirador favorito hechizado:
Así anda ahora, enloquecida, descontrolada,
Buscando cruel y merecida venganza.



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