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jueves, 16 de febrero de 2017

La Puerta Roja

El negro manto de la noche cae sobre Granada. Las hordas de turistas abandonan la Alhambra, donde ya no habita ningún alma. La Puerta de los Siete Suelos, reina de la Montaña Roja desde su trono invisible, espera el amanecer de la luna. Pero ésta, menguante, no llega a iluminarla. Su plateada fuerza se va apagando y, como cada mes, deja que figura quede sumida en las tinieblas. "Semperclausa" llamaron a esta puerta, "la que siempre está cerrada", pues desde que el último rey moro de Granada la abandonara indefensa, los nuevos reyes de fe católica ordenaron tapiarla, horrorizados por la maldición que el último ulema de Granada lanzó para sellarla bajo un conjuro que ningún clérigo ha sido capaz de romper jamás.

De esta forma, sus lúgubres torres parecen crecer en oscura majestad mientras ninguna rama se atreve a romper el pesado silencio que poco a poco las va rodeando. Y algo duerme en el corazón de sus muros, esperando ansiosamente este momento. Las macabrillas que forman los muros de la Alhambra parecen sepultar aún más su quietud, como si las almas de los antiguos cadáveres que custodiaban se encogieran en su interior.

Entonces un ladrido rompe el silencio. Y luego otro. Aquí y allá, sus ecos se multiplican hasta la locura: la Puerta Roja despierta. Desde lo más profundo de sus cimientos un aliento sin vida asciende tras un séquito de terror que le precede en forma de jauría. A lomos de un huracán que retuerce las ramas, sacudiendo la tierra como si mil jinetes cargaran con toda su furia monte abajo, desciende un caballero descabezado y colérico. El frío y la niebla envuelven a Velludo, que vuelve para cobrar su tributo entre los mortales.

Hoy la luna no amanecerá sobre el Cerro del Sol. Solo cabe atrancar los postigos, apagar las luces y esperar que todo niño vuelva a levantarse junto a su madre y todo amante junto a su amada en una mañana que no parece llegar nunca.

Grabado de W. Radclyffe en base a David Roberts (1834).


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"Porta Castri Granatensis semper clausa" (La puerta del castillo de Granada, siempre cerrada) . Detalle de grabado de Joris Hoefnagel (1581).





viernes, 9 de octubre de 2015

El Caballero Sin Cabeza Granadino II

No me cosmucho convencerla para que saltara, y a los pocos segundos estábamos deambulando por los jardines del convento de San Francisco, por primera vez en toda la noche podía ver que mi compañera estaba realmente sorprendida y se empezaba a dar cuenta de lo excepcional y arriesgado de nuestra situación. Esto me animaba aun más, y pese a que sabia perfectamente que no debíamos estar allí y que probablemente tendríamos problemas si nos encontraban, decidí que la mejor idea era ir al Generalife.

Tras deambular por los Jardines Nuevos y estando yo cada vez más nervioso dimos la vuelta hacia la zona de la Medina, esta parte me era totalmente desconocida puesto que no la había visitado nunca que había ido a la Alhambra, tras un rato haciendo el ganso por las ruinas de las casas llegamos a la Puerta de los Siete Suelos y subimos a la torre, las vistas eran geniales pese a ser de noche, y una bruma típica del otoño le daba a la situación un aire aun más fantástico. Aquello era realmente divertido, pero los ladridos de unos perros que había escuchado hacia poco me hacían sentir un tanto inquieto, mi amiga en cambio no parecía estarlo, y se mostraba ahora más osada que yo. Entonces los ladridos se volvieron a escuchar, esta vez más cerca, asustados bajamos de la torre para escondernos entre las casas de la medina, que a su vez estaba varios metros más abajo del camino de cipreses que la atraviesa en dirección al Generalife. Se había levantado bastante viento y de repente lo que era una situación guiada por la adrenalina, lo era ahora por el miedo, había algo en el ambiente que se agitaba, sin saber muy bien cual era el origen de esta súbita aprensión nos escondimos detrás de un muro de alguna casa...justamente encima había algo moviéndose, no eran pasos humanos con total seguridad. 

Yo estaba mirando a mi amiga cuando giré la cabeza y miré al frente: a la Puerta de los Siete Siglos. Hace poco había estado leyendo los Cuentos de la Alhambra y como una sacudida la historia del Velludo, el jinete sin cabeza, se me vino a la cabeza, hacía mucho viento, se escuchaban los ladridos y aún sentíamos el movimiento de ese algo encima nuestra. Como se suele decir en estos casos los segundos que pasaron se hicieron una eternidad, esperamos sin saber que hacer hasta que el viento dejo de soplar con tanta fuerza, como indicándonos que el peligro había pasado, los ladridos no se escuchaban y la crispación en el ambiente se diluía. Todo lo rápido y sigilosos que pudimos nos dirigimos hacia el parador y saltamos el muro. El corazón me latía con fuerza mientras bajábamos a la ciudad...

''Todo el mundo en Granada ha oído hablar de El Velludo...''

Yo aparte de haber oído hablar de él, lo había sentido.

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Foto: Convento de San Francisco, el muro de la derecha era sobre el que se apilaban los sacos de cemento. http://www.alhambra-patronato.es/ria/handle/10514/7528

El Caballero Sin Cabeza Granadino I

''...De pronto se paró Mateo delante de un grupo de higueras y granados, al pie de un enorme torreón ruinoso llamado La Torre de los Siete Siglos (Suelos), y, señalándome una bóveda subterránea debajo de los cimientos de la torre, me dijo que allí se ocultaba un monstruoso vestigio o fantasma que, según se decía, habitaba en aquella torre desde el tiempo de los moros, y que guardaba los tesoros de cierto monarca musulmán. Añadiome también que algunas veces salía a medianoche y recorría las alamedas de la Alhambra y las calles de Granada bajo la forma de un caballo descabezado perseguido por seis perros que lanzaban terribles ladridos y aullidos espantosos.

-¿Se lo ha encontrado usted alguna vez en sus excursiones? -le pregunté.

Todo el mundo en Granada ha oído hablar de El Velludo, se dice que es el alma en pena de un cruel rey moro que mató a sus seis hijos...''

Cuentos de la Alhambra / Washington Irving. ''Un paseo por las colinas''.


Con la intención de sorprender a una chica le había propuesto el ir a la Alhambra bajo la excusa de que me sabia yo ciertos lugares por donde poderse colar al monumento, lugares que solo los más avezados granadinos sabían. Por supuesto era mentira, pero allí estaba, subiendo con ella por la cuesta de la Alhambra mientras mi cabeza pensaba mil excusas. No hicieron falta, mientras paseábamos por la oscuridad del recinto abierto al público una especie de milagro vino a socorrerme, había por entonces unos trabajos en el Parador de San Francisco, y los muros que separaban el espacio público del destinado a la visita estaban en obras, con la fortuna de que varios sacos de cemento se apilaban en un muro haciendo de improvisada escalera que permitía pasar al otro lado, de no haber estado allí esos sacos hubiera sido imposible el sortear la altura del muro, y allí se habría acabado la aventura. En ese momento, viendome favorecido por el espíritu de la Alhambra adopté una actitud más osada, mire a los sacos como si hubieran estado allí desde que algún príncipe moro los dejara al finalizar las obras en su palacio, y salte al otro animando a la chica a que me acompañara...

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(Sleepy Hollow, el jinete sin cabeza o decapitado adaptado por Tim Burton al cine, fue inventado por Washington Irving y probablemente basado en las leyendas que conoció durante su paso por Granada, tal y como dejó plasmado en sus Cuentos de la Alhambra)