Hay un cortijo cerca de Quéntar conocido como Cortijo Prado Montero.
Justo al lado del mismo hay un pequeño nacimiento de agua, abundante
vegetación, albercas y una pequeña cruz, allí se indica que el lugar
pertenece a la Virgen de los Agricultores, la cual bendice desde ese
humilde enclave todo el valle que se abre a sus pies. Pero como si de un
cuento de Machen o de W.H. Hodgson se tratase puede adivinarse en este
paraje que su actual moradora no es sino la última de otros muchos
seres que en algún pasado remoto debieron habitar el lugar, esto es
algo común en estas tierras me diréis, y así es, pero en pocos sitios,
en pocos parajes es tan evidente esto: que las fuerzas de la naturaleza
alguna vez se congregaron bajo los sauces, que las ninfas y los faunos
jugaron con el agua del arroyo, que los manes descansaron a la sombra de
los cipreses y sobre todo, y esto es lo mas oscuro y terrible para
nuestro pensamiento, que estas divinidades y los cultos asociados a
ellas, no huyeron tan pronto como la fe en ellos desapareció, sino que
por razones que nos son desconocidas, en este lugar más que en otros,
han sido capaces estos seres de hacerse presentes hasta fechas muy
recientes: numerosas son las historias de extrañas visiones asociadas a
este lugar, extrañas desapariciones y dantescos sonidos escuchados en
mitad de la noche. Dicen en el lugar que no siempre los ruegos por la
fertilidad de la tierra exigían inocentes oraciones y piadosos ruegos,
hubo tiempos en los que la tierra, no despojada aún de su fuerza
primigenia, nos exigía algo más a cambio de sus riquezas...
“Se retrata el barrio predilecto / de los amigos de las Musas / el Albaicin famoso / congregados estos por Afán de Ribera / en su huerto de las Tres Estrellas”
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viernes, 9 de octubre de 2015
Virgen de los Agricultores de Quéntar
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El Panderete de las Brujas I
Cerca de donde se escribe este
texto, muy cerca, a pocas leguas de hecho, hay una montaña, un cerro más
bien, completamente estéril, mustio, colmado de antenas y atravesado
por una carretera. Ahora mismo lo estoy viendo, y también parte de la Facultad de Psicología que se encuentra a las faldas del promontorio.
Nada me había dicho nunca esa elevación, conocida popularmente como el
Cerro del Sombrero por la forma que tiene al ser rodeado su cima plana
por la carretera. No ha sido si no hasta hace poco que mis ojos han
empezado a buscar sus anodinos contornos, primero con curiosidad, luego
con fantasía y a día de hoy con absoluto terror. Para mi ya no son las
antenas ni la llamativa fealdad del edificio de la facultad lo que
acompaña la insípida soledad de este cerro. Os diré que desde que llego a
mi conocimiento el nombre con el que era conocido ese paraje, el
Panderete de las Brujas le decían, no cesó en mi la curiosidad de
conocer más del porqué de aquel nombre. La curiosidad...
''—No es hora de largas pláticas, dije el otro: monta á caballo y
marcha al Panderete de las brujas.
—Te confieso que voy con repugnancia á ese lugar maldito.
—Te espera en él la Dama blanca.
—¡Oh! ¡la Dama blanca de la montaña! es verdad. Adios.
—No te olvides, de que á las doce debes estar en la taberna de
San Miguel.
—No lo olvidaré. Adios.''
(Extracto de Los Monfíes de la Alpujarras. Fernández y González, Manuel, 1821-1888).
...la curiosidad que me hizo maravillarme al leer por primera vez este nombre en un libro que por azar estaba ojeando antes de dormir, poco después descubriría que dicho Sombrerete era el cerro que se veía desde mi ventana, mi voluntad había picado el anzuelo, y lo sujetaba con los tenaces dientes de la fantasía.
''—¡El Panderete de las brujas! dijo el jinete con cierto terror
supersticioso.''
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marcha al Panderete de las brujas.
—Te confieso que voy con repugnancia á ese lugar maldito.
—Te espera en él la Dama blanca.
—¡Oh! ¡la Dama blanca de la montaña! es verdad. Adios.
—No te olvides, de que á las doce debes estar en la taberna de
San Miguel.
—No lo olvidaré. Adios.''
(Extracto de Los Monfíes de la Alpujarras. Fernández y González, Manuel, 1821-1888).
...la curiosidad que me hizo maravillarme al leer por primera vez este nombre en un libro que por azar estaba ojeando antes de dormir, poco después descubriría que dicho Sombrerete era el cerro que se veía desde mi ventana, mi voluntad había picado el anzuelo, y lo sujetaba con los tenaces dientes de la fantasía.
''—¡El Panderete de las brujas! dijo el jinete con cierto terror
supersticioso.''
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Cuadro
del pintor granadino Luis Ricardo Falero, (Granada, 1851 - Londres,
1896) P.d: Creemos que no tiene ni calle en Granada, por supuesto
tampoco estatua en el paseo de la Constitución.
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