''Si está vivo quien te vio,
toda tu historia es mentira,
pues si no murió, te ignora,
y si murió no lo afirma.''
Quevedo.
¿Que tienen en común un despoblado y un basilisco?
Foto: Despoblado de Tablate.
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“Se retrata el barrio predilecto / de los amigos de las Musas / el Albaicin famoso / congregados estos por Afán de Ribera / en su huerto de las Tres Estrellas”
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viernes, 9 de octubre de 2015
Relieve de Quéntar
Dicen que los cuentos, sobre todo los que hablan de los misterios mas
terribles, de seres desconocidos, de amores imposibles y de los motivos
mas insólitos, son en verdad la herramienta con que la magia de los
humanos limpia el mundo de tales hechos antinaturales, encerrándolos en
los libros y retirando de nuestro mundo realidades que nuestra cultura
no esta dispuesta o no puede asimilar. Hace mucho tiempo que se selló,
quizás en las praderas de Etiopía o en las selvas de Zaire lo que podía y
no podía llegar a ser en el mundo, lo que seria realidad y lo que seria
cuento. Este grabado perdido en las montañas cercanas a Quentar nos
indica que falta un cuento por escribirse aun el mundo.
El Panderete de las Brujas IV
El texto que os acabo de reproducir venía acompañado de una fecha, y una nota que decía:
''18 de junio de 1821.
Otra vez, por tercer año consecutivo desde que este escrito está en mi
poder, se han vuelto a ver las hogueras danzarinas y ha escuchar los
cánticos prohibidos la noche pasada, no se si es algún engaño de mi
cabeza que me hace ver aquelarres y brujas donde antes veía una reunión
de los gitanos de las cuevas, pero cada 17 de junio son mas vividas
estas visiones. He vuelto también a soñar que participaba en los más
asquerosos rituales y a sentir la imperiosa necesidad de asomarme a
mirar el cerro del sombrerete, paso horas mirándolo sin saber que
demonios me resulta en el tan atrayente''
Hoy es 17 de junio, han pasado unos días desde que encontré estos últimos documentos que hablan sobre el monte de las brujas, como no tengo reparos ya en denominarlo, una inquietud invasiva se ha adueñado de mi hasta el punto que para escribir estos párrafos contando mi historia he necesitado salir de Granada. Si por mi fuera hubiera pasado el día entero lejos de aquí pero mis obligaciones me han hecho volver, mis obligaciones y un último chispazo de la sobriedad mental con que siempre he dirigido mis pensamientos. Sin duda el relato y las historias de antiguas brujerías que se cuentan sobre el promontorio que ahora mismo veo desde mi ventana han causado en mi un efecto parecido al que se narra en esa nota de 1821, pienso en cambio que si bien aquel hombre pertenecía a una sociedad todavía invadida por la magia y la religión, yo dispongo a mi alcance de mil explicaciones que deben de bastarme para controlar mis temores, y lo mas importante de todo, para disipar la magia de la casualidad, esa magia que a través de varias carambolas consecutivas -porque eso es lo que son- me ha hecho llegar a esta situación que raya la paranoia. Esta noche dormiré con la ventana abierta por primera vez en semanas, las brujas no existen y la maligna voluntad que ha ido guiando mi curiosidad es tan solo reflejo de mi pasión por descubrir lo exótico en los lugares más familiares. Esta noche dormiré sin temor, y mañana el pandero y su soniquete que llama a las brujas de mi imaginación volverá a ser el mismo monte mustio y lleno de antenas que siempre ha sido, quizás algún día de estos incluso lo visite de nuevo...
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Hoy es 17 de junio, han pasado unos días desde que encontré estos últimos documentos que hablan sobre el monte de las brujas, como no tengo reparos ya en denominarlo, una inquietud invasiva se ha adueñado de mi hasta el punto que para escribir estos párrafos contando mi historia he necesitado salir de Granada. Si por mi fuera hubiera pasado el día entero lejos de aquí pero mis obligaciones me han hecho volver, mis obligaciones y un último chispazo de la sobriedad mental con que siempre he dirigido mis pensamientos. Sin duda el relato y las historias de antiguas brujerías que se cuentan sobre el promontorio que ahora mismo veo desde mi ventana han causado en mi un efecto parecido al que se narra en esa nota de 1821, pienso en cambio que si bien aquel hombre pertenecía a una sociedad todavía invadida por la magia y la religión, yo dispongo a mi alcance de mil explicaciones que deben de bastarme para controlar mis temores, y lo mas importante de todo, para disipar la magia de la casualidad, esa magia que a través de varias carambolas consecutivas -porque eso es lo que son- me ha hecho llegar a esta situación que raya la paranoia. Esta noche dormiré con la ventana abierta por primera vez en semanas, las brujas no existen y la maligna voluntad que ha ido guiando mi curiosidad es tan solo reflejo de mi pasión por descubrir lo exótico en los lugares más familiares. Esta noche dormiré sin temor, y mañana el pandero y su soniquete que llama a las brujas de mi imaginación volverá a ser el mismo monte mustio y lleno de antenas que siempre ha sido, quizás algún día de estos incluso lo visite de nuevo...
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Foto:
Archivo F. Teología. Portada del edificio Colegio Máximo sin el grupo
escultórico religioso. (1898). Foto reproducida del libro Memoria
Grafica de la Universidad de Granada de Antonio A. Ruiz Rodriguez. // Al
fondo encima del edificio el Sombrerete de las Brujas.
El Panderete de las Brujas II
''La figura de la cumbre justificaba el nombre de la colina: era enteramente redonda y perfectamente plana, como la superficie de un
pandero; en cuanto a su calificación de Panderete de las brujas la
justificaba el ser pública voz y fama que en aquel lugar se reunían
todos los sábados a celebrar sus conventículos las brujas residentes en
diez leguas a la redonda.''
(Los Monfíes de la Alpujarras. Fernández y González, Manuel, 1821-1888.)
Contaba que habiendo sido ya atrapado por las historias que se contaban sobre el Monte del Sombrero, me dedique durante algunas semanas a informarme con más detalle de aquellas supersticiones, en un principio como ya dije tal tarea me resultaba un entretenido pasatiempo, las citas que encontraba eran todas de novelas del siglo XIX, las cuales habrían recogido sin duda alguna verdad popular que circularía por la Granada de la época, pero dudaba yo que tuvieran mayor recorrido, dejando de lado, por supuesto, el que las brujas no existen, es más, creía yo por entonces que ni siquiera el mal, la voluntad maligna, fuera algo mas que una creación de las moralinas del pasado.
''La cumbre del cerro es redonda, formando como una especie de mesa motivo por el cual se llama comúnmente el panderete de las brujas, habiendo la creencia vulgar de que allí se congregaban en medio del silencio y la obscuridad de la noche, para tomar vuelo desde aquella altura.''
(Doña Isabel de Solis. Martínez de la Rosa, Francisco, 1787-1862)
Varios días llegue incluso a deambular por las proximidades del cerro, ciertas obligaciones me habían llevado a tener que subir a la facultad de letras, cerca también de nuestro embrujado promontorio, tras dar por concluidas las tareas que me ocupaban en la facultad siempre sacaba tiempo para pasear por los alrededores, donde numerosas ruinas y restos de antiguas construcciones jalonan el lugar. Nada de brujas. Pese a que aparentemente el tema parecía ya agotado, cada noche, antes de dormir, no podía evitar el mirar de soslayo aquel hito, ciertamente el paisaje que desde hace mas de veinte años llevo contemplando desde mi ventana había cambiado de repente, no sabría explicar bien esta sensación, mas de un día llegue incluso a cerrar la persiana sintiéndome observado desde aquella colina. Todos hemos padecido pequeñas neurosis a lo largo de nuestra vida, la ansiedad habita en las sombras y rincones de la cotidianidad, y esto era para mi consuelo suficiente.
Pero aquello lo cambio todo, yo seguía buscando en los libros antiguas menciones sobre aquel cerro, hasta que un día encontré algo inesperado, algo que no esperaba encontrar...
Las citas en cursiva sobre el Cerro del Sombrerete o Panderete de las Brujas, por supuesto y por desconcertantes que sean, son reales.
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Contaba que habiendo sido ya atrapado por las historias que se contaban sobre el Monte del Sombrero, me dedique durante algunas semanas a informarme con más detalle de aquellas supersticiones, en un principio como ya dije tal tarea me resultaba un entretenido pasatiempo, las citas que encontraba eran todas de novelas del siglo XIX, las cuales habrían recogido sin duda alguna verdad popular que circularía por la Granada de la época, pero dudaba yo que tuvieran mayor recorrido, dejando de lado, por supuesto, el que las brujas no existen, es más, creía yo por entonces que ni siquiera el mal, la voluntad maligna, fuera algo mas que una creación de las moralinas del pasado.
''La cumbre del cerro es redonda, formando como una especie de mesa motivo por el cual se llama comúnmente el panderete de las brujas, habiendo la creencia vulgar de que allí se congregaban en medio del silencio y la obscuridad de la noche, para tomar vuelo desde aquella altura.''
(Doña Isabel de Solis. Martínez de la Rosa, Francisco, 1787-1862)
Varios días llegue incluso a deambular por las proximidades del cerro, ciertas obligaciones me habían llevado a tener que subir a la facultad de letras, cerca también de nuestro embrujado promontorio, tras dar por concluidas las tareas que me ocupaban en la facultad siempre sacaba tiempo para pasear por los alrededores, donde numerosas ruinas y restos de antiguas construcciones jalonan el lugar. Nada de brujas. Pese a que aparentemente el tema parecía ya agotado, cada noche, antes de dormir, no podía evitar el mirar de soslayo aquel hito, ciertamente el paisaje que desde hace mas de veinte años llevo contemplando desde mi ventana había cambiado de repente, no sabría explicar bien esta sensación, mas de un día llegue incluso a cerrar la persiana sintiéndome observado desde aquella colina. Todos hemos padecido pequeñas neurosis a lo largo de nuestra vida, la ansiedad habita en las sombras y rincones de la cotidianidad, y esto era para mi consuelo suficiente.
Pero aquello lo cambio todo, yo seguía buscando en los libros antiguas menciones sobre aquel cerro, hasta que un día encontré algo inesperado, algo que no esperaba encontrar...
Las citas en cursiva sobre el Cerro del Sombrerete o Panderete de las Brujas, por supuesto y por desconcertantes que sean, son reales.
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La Torre del Nigromante II
Gracias a las obras que se llevan a cabo en el hotel Washington Irving
tuvimos acceso a unos manuscritos en los que se relataba la historia de
un extraño noble persa que habitó en lo que hoy conocemos como Cuarto
Real de Santo Domingo, los manuscritos estaban ocultos en una pequeña
torre situada en la parte trasera del hotel y que hoy ya no existe.
Junto a los manuscritos antiguos encontramos también un diario que debió
escribir la persona a la cual pertenecían
aquellos libros. Nos guardaremos de entrar en detalles, pero al parecer
la historia del noble persa debió de interesar al famoso ocultista
ingles Aleister Crowley, y también a sus enemigos, uno de los cuales, en
un intento de evitar que aquel tuviera acceso a los secretos que ellos
creían que aun guardaba la qubba del Cuarto Real de Santo Domingo,
decidió visitar la ciudad buscando algo que desconocemos, lo único de lo
que podemos estar seguros es que el personaje que estuvo en la torre
del hotel, que se hacia denominar como un ''alquimista de la luz,
dispuesto a luchar hasta las ultimas consecuencias contra los poderes
nigromanticos que Crowley parecía estar atesorando'', vio frustrado su
objetivo, y añadiremos que para desgracia de todos nosotros que así
fuera, puesto que lo que acabo con la vida de aquel hombre, en caso de
ser real todo lo que se cuenta en el diario y no el producto de una
mente enfermiza, es algo contra lo cual todos nosotros deberíamos estar
en alerta.
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Rostros de Granada II
Esa incomoda sensación de, estando solo, sentir que hay alguien observándote en algún lado, escondido...
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El Ángel Custodio de los Rodríguez Acosta.
Con un misterioso fuego en los ojos, un ángel caído congelado en roca cristalina vigila, sin descanso, la entrada a los pasadizos subterráneos del Carmen Blanco. Este capitel en el Carmen de los Rodriguez Acosta es Weird Tales Granada Total!
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El Unicornio de la Alhambra
En el Convento de San Francisco,
construido sobre los restos de un palacio de la época de Muhammad III,
en una de las lápidas que allí se encuentran, perteneciente a un
individuo del Santo Oficio, nos encontramos con este ser de leyenda.
Se dice de este animal en los textos antiguos que tenia el poder de
purificar el agua, se da la casualidad de que junto a esta lápida pasa
la acequia de la Alhambra que va hacia los palacios. Sin duda la magia
del azar es la más poderosa de todas, y
en esta colina de la ciudad de Granada debe existir algún poderoso
sortilegio, quizás la imagen más bella hubiera sido la de imaginar
rebaños de unicornios pastando por los prados que las rezumantes
acequias crean al pasar por el Valle del Darro, mientras purificaban con
su presencia el agua que habían de beber los reyes. De vivir en un
tiempo mítico sin duda no habríamos de descartar esta posibilidad, hoy
día nos bastamos con desentrañar las imágenes que el azar nos lega como
si fueran las ruinas evocadoras de aquel tiempo mítico.
Antiguos Saberes
Nos cuenta George Borrow, un misionero ingles, que estando en Granada
con el objetivo de convertir al protestantismo a la población gitana de
la ciudad, fue testigo de como los gitanos se daban cita en las cuevas
del Sacromonte para hablar sobre las ''cosas de Egipto''. Hoy, mientras
holgazaneaba con mi amigo en la Placeta del Sol, conocida por las buenas
gentes como ''El Lavaero'', observe un hecho que servirá, junto con la
historia de Borrow, para justificar la extravagante conclusión que os
brindo al final de este texto.
Bien, estaba yo con mi amigo
fumando y bebiendo cerveza cuando un egiptiano revolucionó lo que en
estos momentos era el ocaso de una conversación sobre mujeres. Al gitano
no podre describirlo, puesto que antes de que se sentara tras una
columna paralelo a nosotros y empezara delirar no le habíamos prestado
atención alguna: -Personajes costumbristas en Granada los hay en numero
suficiente como para que la aparición de uno de ellos no llegara a
interrumpir nuestra entretenida conversación-, eso fue lo que debimos
pensar, después llego la sorpresa. Esta llego como lo suelen hacer las
sorpresas, con impertinencia y molestia: el gitano, del que solo veíamos
su sombra nerviosa y de contorno dorado por el sol del atardecer,
empezó a hablar en tono de protesta sobre distintos asuntos ridículos y
absurdos, su dialogo violento provoco en un primer momento que las
palabras apagadas que aun se resistían a irse con el atardecer a otro
lugar mas concurrido de la ciudad quedasen mudas. En ese momento mire a
mi amigo y después a la botella de cerveza que acabábamos de terminar,
supongo que si el gitano no hubiese cambiado de repente y sin que lo
notásemos el contenido de su verborrea, aquella mirada hubiera bastado
para provocar que mi amigo me sugiriese la idea de irnos de allí. Pero
las palabras locas de aquel hombre estaban tensando de tal manera el
ambiente que nos empezaba a incomodar siquiera el movernos. Fue entonces
cuando oímos por primera vez la palabra ''vikingo'' de boca del gitano,
nuestro asombro vendría cuando nos dimos cuenta de que aquel hombre no
hacia otra cosa que declamar en ese instante algún fragmento de una saga
nórdica; pronto se rompió aquella ilusión y de nuevo el torrente de
palabras volvió a ser un batiburrillo de quejas y frases inconexas.
Cuando aun no nos habíamos repuesto del todo de aquel rayo sin nube otro
fulgor sobresaltaba nuestros oídos, ahora con ribetes orientales:
puesto que aquel gitano empezaba a divagar sobre los orígenes judaicos
del barrio, -nos encontramos en el Realejo, punto neuralgico de la
Garnata al-Yahud- y sobre el monoteismo de los hebreos...del cual negó
su originalidad ya que antes Akenaton había hablado de un Dios único!.
Yo no podía salir de mi asombro, en ese momento me hubiera esperado, en
caso de que la escena no se hubiera visto interrumpida por la llegada de
unos amigos del gitano loco, haber podido escuchar retazos del Popol
Vuh, alguna historia sobre la Ciudad de Bronce o incluso sentencias de
antiguos filósofos.
Me despedí de mi amigo en Plaza Nueva, desde
que bajamos desde el ''Lavaero'' no pronunciamos apenas palabra, mas que
para convencernos el uno al otro de la escena tan extraña que habíamos
presenciado. Pronto cogí camino a mi casa que estaba en la otra punta de
la ciudad, mientras caminaba me acorde de aquel misionero protestante y
las historias que contaba sobre los gitanos de Granada. Cuando salia de
Calle Elvira atravesando la puerta monumental que formaba parte de la
antigua muralla de ciudad, escuchando a lo lejos el guirigay de risas,
voces infantiles, gritos y músicas de calle que forman la orquesta
diaria de la ciudad, fui preso de una revelación. Queda aun un saber
antiguo y mágico entre los gitanos del Sacromonte y el Realejo, un saber
que no se aprende sino que se respira y que termina por afectar a los
que viven largo tiempo cerca de las cuevas y los antiguos hornos donde
antes se reunían aquellas gentes. Es posible incluso que en cierta
medida la locura que de vez en cuando se manifiesta entre los naturales
de Granada, esa locura que no es paralela a la locura de la modernidad
que es el marchamo de las grandes urbes, sino que es aun una locura
romántica; es posible aun como digo que esa locura no sea otra cosa que
los restos de aquellas ''cosas de Egipto'' que los gitanos y
probablemente antes los árabes trajeron desde oriente a este enclave de
romanticismo dentro del caos de la posmodernidad.
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El Cromlech de Dilar I
Las Agujas de Dílar
Un cromlech es un tipo de monumento
megalítico compuesto por varias piedras -menhires- formando un círculo.
Este tipo de monumento megalítico es de los más escasos, conservándose
muy pocos cromlech en el caso de la Península Ibérica. Por eso nos
debería sorprender el extraño hallazgo de uno de estos monumentos del
pasado en unas latitudes tan meridionales como las nuestras, en concreto
en un paraje denominado como Los Toriles, cerca del pueblo de Dílar.
Según se cuenta en el libro ''Antigüedades Prehistóricas de Andalucía''
de 1868, fue un vecino del pueblo quien mientras cazaba dio con unas
piedras labradas de lo que se supuso que era la cámara funeraria de un
gran túmulo, la codicia del mismo protagonista del hallazgo fue también
la causante de su destrucción, puesto que pensando que estaba ante un
lugar rico en minerales, formo una compañía minera que en su búsqueda de
piedras preciosas destrozó el monumento. Solo gracias a la curiosidad
del pintor D. Martín Rico, nos ha llegado al presente una representación
de la extraordinaria y arcana presencia de estos megalitos en nuestra
tierra. El cuadro del pintor se puede observar hoy día en uno de los
museos de la ciudad de Granada, siendo la historia del monumento, sin
embargo, totalmente desconocida al gran público granadino. Los restos
que se salvaron de la destrucción fueron a parar a la ya desaparecida
Fábrica de Bayetas de Dílar, perdiéndose a partir de entonces el rastro
de los menhires que componían tan precioso documento.
El Círculo de Piedras, o Stonehenge / Henge de Dílar, en realidad eran tres círculos de piedras megalíticos hoy perdidos.
El Quijote en Granada
Esperamos a que se confirme el hallazgo de los restos de Miguel de
Cervantes para contaros una historia sobre este olvidado palacio
granadino...
Palacio de Cuzco, Víznar (Granada), construido por el Arzobispo Juan Manuel Moscoso y Peralta, natural de aquella célebre capital americana, al otro lado de las Columnas.
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