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viernes, 6 de mayo de 2016

Panderete de las Brujas

''La figura de la cumbre justificaba el nombre de la colina: era enteramente redonda y perfectamente plana, como la superficie de un pandero; en cuanto á su calificacion de Panderete de las brujas la justificaba el ser pública voz y fama que en aquel lugar se reunían todos los sábados á celebrar sus conventículos las brujas residentes en diez leguas á la redonda. En medio de la cumbre había un casuco arruinado y desvencijado, en donde según fama, los demonios levantaban su trono á Lucifer, siempre que se celebraba una de aquellas negras, misteriosas y reprobadas festividades, en cuyo trono se sentaba el espíritu de las tinieblas, disfrazado bajo la forma de un macho cabrío.'' (Los Monfíes de las Alpujarras, de Don Manuel Fernandez y Gonzalez)

Volvemos por un momento al Panderete, si es posible hablar así de un motivo que nunca se ha ido, y que difícil es que lo haga puesto que mientras que escribo estas palabras lo estoy divisando a lo lejos, tan seco y estéril como de costumbre.

De este extracto de la novela se tiene que en la época en que se escribió debía haber en el lugar una casa ya en ruina por aquel entonces. O quizás no, se trata solo de una novela, pero lo cierto es que justo al lado del Cerro hay un ''casuco'', ''arruinado y desvencijado''; no iremos tan lejos como al afirmar que allí, en esa casa, levantan los demonios un trono a Lucifer, o quizás si, y ya sea hora de enfrentar de una vez con lo que sea que ha dado pábulo a la leyenda. Pronto habréis de saber más.



viernes, 9 de octubre de 2015

Brujas yendo al Sabbath (Falero)

Brujas yendo al Sabbath (Luis Ricardo Falero - 1878) Pintor granadino.


Guarnición tosca de este escollo duro
troncos robustos son, a cuya greña
menos luz debe, menos aire puro
la caverna profunda, que a la peña;
caliginoso lecho, el seno obscuro
ser de la negra noche nos lo enseña
infame turba de nocturnas aves,
gimiendo tristes y volando graves.


Polifemo. Luis de Góngora. (1561-1627)

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El Panderete de las Brujas IV

El texto que os acabo de reproducir venía acompañado de una fecha, y una nota que decía: 

''18 de junio de 1821. 

Otra vez, por tercer año consecutivo desde que este escrito está en mi poder, se han vuelto a ver las hogueras danzarinas y ha escuchar los cánticos prohibidos la noche pasada, no se si es algún engaño de mi cabeza que me hace ver aquelarres y brujas donde antes veía una reunión de los gitanos de las cuevas, pero cada 17 de junio son mas vividas estas visiones. He vuelto también a soñar que participaba en los más asquerosos rituales y a sentir la imperiosa necesidad de asomarme a mirar el cerro del sombrerete, paso horas mirándolo sin saber que demonios me resulta en el tan atrayente''

Hoy es 17 de junio, han pasado unos días desde que encontré estos últimos documentos que hablan sobre el monte de las brujas, como no tengo reparos ya en denominarlo, una inquietud invasiva se ha adueñado de mi hasta el punto que para escribir estos párrafos contando mi historia he necesitado salir de Granada. Si por mi fuera hubiera pasado el día entero lejos de aquí pero mis obligaciones me han hecho volver, mis obligaciones y un último chispazo de la sobriedad mental con que siempre he dirigido mis pensamientos. Sin duda el relato y las historias de antiguas brujerías que se cuentan sobre el promontorio que ahora mismo veo desde mi ventana han causado en mi un efecto parecido al que se narra en esa nota de 1821, pienso en cambio que si bien aquel hombre pertenecía a una sociedad todavía invadida por la magia y la religión, yo dispongo a mi alcance de mil explicaciones que deben de bastarme para controlar mis temores, y lo mas importante de todo, para disipar la magia de la casualidad, esa magia que a través de varias carambolas consecutivas -porque eso es lo que son- me ha hecho llegar a esta situación que raya la paranoia. Esta noche dormiré con la ventana abierta por primera vez en semanas, las brujas no existen y la maligna voluntad que ha ido guiando mi curiosidad es tan solo reflejo de mi pasión por descubrir lo exótico en los lugares más familiares. Esta noche dormiré sin temor, y mañana el pandero y su soniquete que llama a las brujas de mi imaginación volverá a ser el mismo monte mustio y lleno de antenas que siempre ha sido, quizás algún día de estos incluso lo visite de nuevo...

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Foto: Archivo F. Teología. Portada del edificio Colegio Máximo sin el grupo escultórico religioso. (1898). Foto reproducida del libro Memoria Grafica de la Universidad de Granada de Antonio A. Ruiz Rodriguez. // Al fondo encima del edificio el Sombrerete de las Brujas. 

El Panderete de las Brujas III

Paso a reproducir el texto que encontré plegado mientras consultaba la edición más antigua que se conserva del libro de Manuel Fernández y González, en el cual aparece citado el Panderete de las Brujas:

''A las tres semanas de la rendición de Granada, una vez que la situación se había calmado entre la morisma, decidimos salir a buscar algún tesoro que los más nobles entre los granadinos hubieran podido haber escondido en las cercanías de la ciudad. Con este ánimo nos dirigimos al pago que los moros llamaban Dínadmar o Aynadamar, varias horas estuvimos buscando entre los huertos y albercas que había en este lugar hasta que cansados por el esfuerzo y desanimados por lo infructuoso del trabajo nos subimos a una especie de cerro plano que coronaba el lugar con la intención de otear mejor desde allí los alrededores en busca de nuevos destinos, el sitio era yermo pese a que en el entorno había agua en abundancia, las plantas crecían mustias y la tierra, de un rojo provechoso en el resto del pago era aquí grisácea, como si muchos incendios hubieran ocurrido en este lugar sin que nunca acabara de recuperarse del todo.

Al rato uno de los hombres que tenia encomendado el patrullar el cerro vino a nosotros con gran cuita y lamentándose de la mala fortuna y de la codicia que nos habían traído a aquel lugar. Pronto descubrimos lo que angustiaba al soldado: en la parte más alta del cerro encontramos una serie de piedras que formaban un gigantesco circulo coincidiendo con los limites de la meseta que coronaba el cerro, grabadas en las piedras se observaban letras demoníacas e imágenes malignas y blasfemas, un abominable sacrilegio se había llevado a cabo en ese lugar hacia no muchas noches, por todo el sitio seguimos encontrando las huellas del ritual que había mancillado con el mal aquel paraje. Asustados por lo que habíamos visto bajamos con gran prisa a Granada y una vez allí contamos el relato de lo que nos había ocurrido.

Poco tiempo después supimos de boca de los moros de la ciudad que aquel sitio era para ellos un monte prohibido y que lo rehusaban siempre. Inexplicablemente, por lo que pudimos saber, sus reyes habían estado siempre en buen término con una secta maligna que había llegado a la ciudad procedente de algún lugar remoto; desoyendo la opinión de sus sabios y religiosos de acabar con esa secta los reyes visitaban el cerro en ocasiones y hacían donativos a estas mujeres, mientras que el pueblo las acusaba de los mas crueles crimines y de la idolatría mas execrable. Justo cuando las actividades de estas brujas era más importante y osada las tropas cristianas entraron en la ciudad y lo último que se sabe de aquellas es que abandonaron por la noche su guarida, no sin antes proferir dañinas maldiciones sobre la ciudad y sus habitantes. 

La Inquisición acabó por mandar purgar el lugar, pero es bien sabido que tal orden no se llevó a cabo exhaustivamente, tal era el miedo y el mal que se desprendía de aquel santuario diabólico. Este monte paso a ser conocido como el Panderete de las Brujas, por la forma del cerro y las cosas que se han relatado que ocurrían en su cima''

Anónimo siglo XV.

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El Panderete de las Brujas II


''La figura de la cumbre justificaba el nombre de la colina: era enteramente redonda y perfectamente plana, como la superficie de un pandero; en cuanto a su calificación de Panderete de las brujas la justificaba el ser pública voz y fama que en aquel lugar se reunían todos los sábados a celebrar sus conventículos las brujas residentes en diez leguas a la redonda.''

(Los Monfíes de la Alpujarras. Fernández y González, Manuel, 1821-1888.)

Contaba que habiendo sido ya atrapado por las historias que se contaban sobre el Monte del Sombrero, me dedique durante algunas semanas a informarme con más detalle de aquellas supersticiones, en un principio como ya dije tal tarea me resultaba un entretenido pasatiempo, las citas que encontraba eran todas de novelas del siglo XIX, las cuales habrían recogido sin duda alguna verdad popular que circularía por la Granada de la época, pero dudaba yo que tuvieran mayor recorrido, dejando de lado, por supuesto, el que las brujas no existen, es más, creía yo por entonces que ni siquiera el mal, la voluntad maligna, fuera algo mas que una creación de las moralinas del pasado.

''La cumbre del cerro es redonda, formando como una especie de mesa motivo por el cual se llama comúnmente el panderete de las brujas, habiendo la creencia vulgar de que allí se congregaban en medio del silencio y la obscuridad de la noche, para tomar vuelo desde aquella altura.''

(Doña Isabel de Solis. Martínez de la Rosa, Francisco, 1787-1862)

Varios días llegue incluso a deambular por las proximidades del cerro, ciertas obligaciones me habían llevado a tener que subir a la facultad de letras, cerca también de nuestro embrujado promontorio, tras dar por concluidas las tareas que me ocupaban en la facultad siempre sacaba tiempo para pasear por los alrededores, donde numerosas ruinas y restos de antiguas construcciones jalonan el lugar. Nada de brujas. Pese a que aparentemente el tema parecía ya agotado, cada noche, antes de dormir, no podía evitar el mirar de soslayo aquel hito, ciertamente el paisaje que desde hace mas de veinte años llevo contemplando desde mi ventana había cambiado de repente, no sabría explicar bien esta sensación, mas de un día llegue incluso a cerrar la persiana sintiéndome observado desde aquella colina. Todos hemos padecido pequeñas neurosis a lo largo de nuestra vida, la ansiedad habita en las sombras y rincones de la cotidianidad, y esto era para mi consuelo suficiente.

Pero aquello lo cambio todo, yo seguía buscando en los libros antiguas menciones sobre aquel cerro, hasta que un día encontré algo inesperado, algo que no esperaba encontrar...

Las citas en cursiva sobre el Cerro del Sombrerete o Panderete de las Brujas, por supuesto y por desconcertantes que sean, son reales.

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El Panderete de las Brujas I


Cerca de donde se escribe este texto, muy cerca, a pocas leguas de hecho, hay una montaña, un cerro más bien, completamente estéril, mustio, colmado de antenas y atravesado por una carretera. Ahora mismo lo estoy viendo, y también parte de la Facultad de Psicología que se encuentra a las faldas del promontorio. Nada me había dicho nunca esa elevación, conocida popularmente como el Cerro del Sombrero por la forma que tiene al ser rodeado su cima plana por la carretera. No ha sido si no hasta hace poco que mis ojos han empezado a buscar sus anodinos contornos, primero con curiosidad, luego con fantasía y a día de hoy con absoluto terror. Para mi ya no son las antenas ni la llamativa fealdad del edificio de la facultad lo que acompaña la insípida soledad de este cerro. Os diré que desde que llego a mi conocimiento el nombre con el que era conocido ese paraje, el Panderete de las Brujas le decían, no cesó en mi la curiosidad de conocer más del porqué de aquel nombre. La curiosidad...

''—No es hora de largas pláticas, dije el otro: monta á caballo y
marcha al Panderete de las brujas.
—Te confieso que voy con repugnancia á ese lugar maldito.
—Te espera en él la Dama blanca.
—¡Oh! ¡la Dama blanca de la montaña! es verdad. Adios.
—No te olvides, de que á las doce debes estar en la taberna de
San Miguel.
—No lo olvidaré. Adios.
''

(Extracto de Los Monfíes de la Alpujarras. Fernández y González, Manuel, 1821-1888).

...la curiosidad que me hizo maravillarme al leer por primera vez este nombre en un libro que por azar estaba ojeando antes de dormir, poco después descubriría que dicho Sombrerete era el cerro que se veía desde mi ventana, mi voluntad había picado el anzuelo, y lo sujetaba con los tenaces dientes de la fantasía.

''—¡El Panderete de las brujas! dijo el jinete con cierto terror
supersticioso.
''

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Cuadro del pintor granadino Luis Ricardo Falero, (Granada, 1851 - Londres, 1896) P.d: Creemos que no tiene ni calle en Granada, por supuesto tampoco estatua en el paseo de la Constitución.